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09/03/2007
Agradezco enormemente al Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia de Morelos, la invitación a este importante evento; celebro la oportunidad que se me ha brindado de regresar a Cuernavaca y poder compartir con ustedes algunas ideas, antes lo hice desde la trinchera del DIF Nacional, ahora desde la experiencia y conformación profesional en una organización de la sociedad civil. Precisamente se me ha pedido que hable brevemente de la importancia y trascendencia de las organizaciones de la sociedad civil como un camino para la participación organizada de la ciudadanía. Y procuraremos hacerlo lo mejor posible, sé bien que ustedes sabrán valorar los efectos y los defectos de esta sencilla intervención y así enriquecerla con su propia experiencia. Es posible reconocer como parte de la sociedad civil diversas formas de organización: Organizaciones no gubernamentales (ONG) sin fines de lucro. Clubes y organizaciones deportivas. Iglesias, de las diversas denominaciones. Sindicatos. Organizaciones o Colegios Profesionales. Organizaciones de barrio o comunitarias. Para efectos de esta intervención nos referiremos exclusivamente a las organizaciones no gubernamentales con fines de fortalecimiento social y cuya acción se brinda en términos de asistencia, apoyo en la vulnerabilidad y fomento educativo. Primero que nada es necesario diferenciar la vida de la organización civil no gubernamental de otros ámbitos de participación humana. Hemos visto a lo largo de esta mesa, que ahora con mi participación concluye, que la iniciativa privada, los medios de comunicación y la acción gubernamental cumplen importantes funciones sociales y garantizan el ámbito actual que enmarca gran parte de la posibilidad de acción humana de las personas que configuramos una nación o estado. Sin embargo, ¿Cuál es la diferencia de la empresa, los medios y el gobierno con las organizaciones sociales?, considero que no existe sólo una diferencia, sino diferentes niveles en la diversidad como grupo humano. En primer lugar la intencionalidad, puesto que la acción social y humana de las citadas instancias persigue también otros fines: el caso de la generación de utilidad para la empresa, el posicionamiento de opinión pública o la promoción de bienes y servicios a través de la publicidad para los medios, o bien, la obtención y permanencia en el poder en el caso de los gobiernos. No es que esto sea malo en sí mismo, sino que es necesario comprender que la esfera propia de cada instancia estará presente en su acción; si no fuera así, no podría garantizarse la razón de ser de la empresa, de los medios y de los gobiernos. ¿Cuál es entonces el ámbito de una organización de la sociedad civil? ¿Cuál es su finalidad en primera instancia?, bajo mi experiencia y mi forma de ver las cosas, la lógica de una ONG tiene necesariamente que ver con la promoción, defensa, apoyo y beneficio a las personas que conforman la sociedad. Hablamos entonces de DESARROLLO HUMANO en la más amplia extensión de las palabras que componen esta frase. Desarrollo es, para nosotros como organizaciones civiles, el apoyo para el desenvolvimiento de las facultades humanas que apuntan al perfeccionamiento de la persona que las posee. No es sinónimo en este sentido de crecimiento, sino de mejora continua, de un apoyo subsidiario y solidario para la mejora integral de los beneficiarios de nuestras acciones. Humano, este término pudiera tener dos connotaciones: a) se refiere por un lado al destinatario de nuestras acciones, brillante aportación podrían ustedes decir, sin embargo en esta vida no hay que dar por obvio nada y entonces nos referimos a un ser personal sujeto a un tiempo, realidad y a un espacio, un quien y nunca un qué...en resumen trabajamos por PERSONAS, no por clientes, no por televidentes o radio escuchas, no por votantes. b) y por otro lado, al modo propio de trabajo de una ONG, un trabajo que en todo momento y en toda actividad debe promover el alto valor de la dignidad de la persona a quien se atiende y por quien se trabaja. ¿Quiere decir esto que una organización de la sociedad civil es mejor que una empresa, un medio de comunicación o un gobierno?, para nada es mi intención justificar esta equivocación. Afirmo que se persiguen en finalidad diversas tareas que de suyo pueden ser complementarias entre sí, sin entonces privilegiar o menospreciar a cualquier ámbito. Creo fervientemente como se verá al finalizar esta intervención que estos actores sociales poseen una relación, de facto y de teoría, que se convierte en realidad transformante para la vida de las personas. La lógica de una Organización de la Sociedad Civil en primera instancia es la promoción del desarrollo humano, sin que ello se contraponga a las finalidades diversas de otros sectores sociales. Hoy más que nunca las organizaciones de la sociedad civil suponen sectores irreductibles en los cuales se defiende y se promueve constantemente a las personas en un esquema de humanismo cívico tal como es promovido por ejemplo por Alejandro Llano. Si esta es la lógica de una organización de la sociedad civil, sea cual sea su tarea, seguramente tendrá éxito en su empresa puesto que tiene claro el objetivo: un trabajo de personas por personas con la finalidad de generar la sinergia suficiente que, por un lado, de por satisfechas las principales necesidades humanas de los beneficiarios y por otro garantice nuevos horizontes y perspectivas que redunden en una mejora de la sociedad en su totalidad. Sabemos que en México el ámbito de la sociedad civil organizada aún está en pañales, si nos comparamos con otras naciones, puesto que grandes esfuerzos se han realizado pero aún permanecen latentes nuevos retos que afrontar para impulsar el desarrollo humano en su totalidad. Si bien la intencionalidad de primera instancia es una inicial diferencia, existe un segundo nivel que podría resumirse en la flexibilidad. A diferencia de organizaciones empresariales, mediáticas y gubernamentales, la sociedad civil organizada puede conformarse por una amplia gama de matices surgidos a partir de su objetivo (que si revisamos cualquier acta constitutiva es lo suficientemente amplio como para hacer "de todo un poco"). Las tareas que puede emprender una organización de la sociedad civil son sumamente diversificadas y pueden realizarse en gran medida al mismo tiempo gracias al compromiso, en su mayoría voluntario, de los integrantes que hacen realidad el sueño del trabajo cotidiano y arduo a favor del desarrollo humano. Y sobre todo, esta flexibilidad se transforma en forma práctica en una gran posibilidad operativa que genera resultados positivos siempre y cuando exista una adecuada organización que lo permita. Una diferencia más, aunque no practicada por todas las organizaciones de la sociedad civil, puede expresarse como un compromiso permanente por la pluralidad y por la apertura a diferentes maneras de interpretar la realidad. Una organización de la sociedad civil que se configura sin un perfil religioso o político partidista tiene delante un universo de acción incluyente con el cual puede apoyar la conformación social. Sin lugar a dudas una organización de la sociedad civil con claros objetivos entorno al desarrollo humano y sin perseguir finalidades religiosas y electoreras o proselitistas genera la clave del tercer sector: credibilidad y confianza en la población, lo que a su vez se traduce en apoyo para sus acciones. A mi forma de ver, estas son las principales realidades que constituyen la diferencia entre diversas organizaciones del entramado social y la sociedad organizada civilmente: intencionalidad, flexibilidad y pluralidad. Y si bien hemos considerado las principales diferencias, ¿cuál podría ser un punto de unión entre estas realidades pues hemos dicho antes que son coincidentes?, por la naturaleza de las acciones de cada actor social existen dos grandes niveles de relación: 1. Empresa y medios de comunicación en coordinación con la sociedad civil, comúnmente denominada "Mercadotecnia con causa social". Este es un punto que permite a cada quien, en forma organizada y apoyada, lograr sus objetivos y garantizando una filosofía ganar-ganar que hace crecer a la sociedad, último beneficiario de todos los esfuerzos. Todos hemos visto algún ejemplo de esta realidad en nuestros días pues al consumir un bien o servicio, un porcentaje del mismo va dirigido a apoyar la labor de una ONG y a la población en específico que ésta atiende. 2. Gobierno en coordinación con la sociedad civil, mediante el diseño y aplicación de políticas públicas. La sociedad civil es un fuerte apoyo ya en la realidad para favorecer la iniciativa gubernamental en política social y educativa; existe un sinnúmero de organizaciones de la sociedad civil que participan activamente, mediante adecuados procesos de licitación y competencia, de la tarea gubernamental. Poniendo a ustedes un ejemplo, podemos hablar del Modelo Nacional de Educación Familiar que se aplica en Morelos desde hace más de dos años, y donde organizaciones de la sociedad civil ofrecen capacitación a futuros orientadores familiares (que son profesores de educación pública o promotores comunitarios del DIF Estatal y de los DIF Municipales). Bien, hasta aquí y de manera sucinta hemos mostrado las diferencias entre las organizaciones civiles y otras organizaciones presentes en la sociedad; hemos revisado brevemente las grandes oportunidades de colaboración entre los sectores; resta por último el principal reto al que se ven enfrentadas las organizaciones de la sociedad civil. ¿Cuál es el más grade reto que enfrenta una organización social el día de hoy, en pleno siglo XXI? La respuesta a esta pregunta pudiera ser también sumamente variada, sin embargo, considero que tiene que ver con la "profesionalización de las actividades", lo cual genera un paradigma que pudiera contraponerse en un primer acercamiento a la mencionada flexibilidad. La profesionalización supone en términos generales el gran reto de garantizar eficiencia, eficacia y calidad en las acciones, programas o servicios que una organización de la sociedad civil ofrece a la población en el cumplimiento de sus tareas y de su razón de ser entorno al desarrollo humano. Aunque pareciera una contradicción la profesionalización en modo alguno supone una renuncia a la flexibilidad sino la organización adecuada de dicha característica. Si bien es cierto que pareciera que una organización comprometida con la profesionalización gana rigidez y pierde libertad, en la práctica podemos notar que una organización de la sociedad civil que invierte en profesionalización garantiza mejores resultados y consigue mejores apoyos pues hace de mejor manera lo que sabe hacer en beneficio de otros. Hoy en días las empresas, los medios y los gobiernos desean y quieren apoyar a las organizaciones de la sociedad civil, ¡definitivamente quieren hacerlo, pues también están convenidos de la importancia de la tarea del desarrollo humano!. Pero apoyarán con recursos tecnológicos, materiales y económicos a aquellas organizaciones que sean capaces de ofrecer resultados tangibles, concretos y prácticos. Pensemos en ejemplos de la vida real, ¿a quién confía usted su dinero, a un banco que no le ofrece interés, o a un banco que le ofrece intereses y con creces?. La respuesta es sumamente sencilla. Ser profesional no es sinónimo de ser burocrático, y es necesario precisarlo. Ser profesional implica cumplir, sabemos que las ONG cumplen, pero cumplir con orden y con exactitud las exigencias del momento histórico en el que vivimos. ¿Cuál son esas exigencias? Resultados, transparencia, eficacia, eficiencia, calidad, legalidad. Cuando una organización es profesional se entiende que ha comprendido a cabalidad su misión y ha innovado en estrategias para cumplirla cada vez mejor adaptándose incluso a los tiempos y sus requerimientos (el uso de tecnología adecuada, el manejo adecuado de bases de datos, la lógica de procesos, etc.). Ser profesional necesariamente requiere aprovechar las coyunturas y la serie de herramientas con las que gracias a la ley de fomento en la materia hoy en día se cuentan para apoyo de las organizaciones. Los tiempos hoy más que nunca no solo promueven la organización social sino en que gran medida esto es ya una exigencia inaplazable que la sociedad se implora a sí misma. Hoy más que nunca, en un mundo globalizado, podemos globalizar el desarrollo humano y no sólo dejar el asunto de la globalización en términos económicos...hoy más que nunca se requieren espacios de colaboración, de solidaridad y de apoyo para lograr la transformación social que tanto demanda nuestro país y que no solo corresponde al gobierno, a la empresa o los medios de comunicación, SINO QUE ES TAREA DE TODOS. Hoy más que nunca la conciencia del ser humano responde a su propio llamado, hoy más que nunca encontramos la posibilidad de vivir nuestra vida en la lógica de la cooperación y el servicio. Este es un asunto no de vida y muerte sino de vida en su más grande aspiración: el servicio y la defensa al ser humano como garantía de existencia plena es hoy en día el principal clamor. Habemos muchos que lo hemos escuchado y que respondemos con optimismo, te invitamos a sumarte a ti que hoy escuchas, te invitamos a que seas parte de esta revolución sin precedentes...somos más lo que deseamos un México mejor, y somos muchos los que a diario lo construimos. ¡ES MOMENTO, ES AHORA, ES AQUÍ, ERES TU, SOCIEDAD ORGANIZADA: MUÉVETE, HABLA, GENERA, ACTÚA, TRANSFORMA! ¡ES POSIBLE!
10/05/2006
Madurez de la Persona Humana en la Vida Social
Ciudadanos unidos por México10 de Septiembre 2005 Por Héctor Sampieri Rubach Agradezco la oportunidad que me brinda nuevamente <Ciudadanos Unidos por México> de participar en este espacio de comunicación para el fomento de una nueva ciudadanía, y aprecio sobremanera la atención de cada uno de los radioescuchas que generosamente nos brindan su tiempo. La última vez que nos escuchamos destacamos la importancia de la familia y su relación con la búsqueda del bien común y de la mejora social. En aquella ocasión tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre las tareas insustituibles que la familia desempeña en beneficio de cada uno de sus miembros y de la vida social. Enunciamos que la familia juega un importante papel en la conformación del capital humano y social, constituyéndose como la fortaleza y sustento más inmediato del Estado, y comentábamos, por último, algunas pautas que podrían contribuir a cimentar el bien común desde el núcleo más inmediato a la persona humana, de ese hábitat natural en donde transcurre la existencia de la mayoría de los seres humanos de nuestro tiempo. Considerando estas ideas, y sin desatenderlas, nos aventuramos a comentar hoy, muy brevemente, la importancia de la madurez personal en la vida social y política, tan urgente en nuestra recién estrenada democracia que vive México. Ante el enrarecido clima en el que nos encontramos podríamos preguntarnos: ¿Qué tengo que ver con la política y con la participación social?, ¿es necesario considerar aquello que puedo aportar si soy un ciudadano de a pie como tantos otros?, ¿vale de algo mi esfuerzo?. Vayamos por partes, lo primero que debemos considerar precisamente es la radical importancia que cada uno de nosotros posee frente a todo Estado, Gobierno, Institución o agrupación de personas. Es en razón de los hombres que se han creado estas instancias, no en razón de ellas es que yo existo como persona. Pero entonces, ¿qué es ser persona?, a esta pregunta habría que responder con un replanteamiento, no es lo más apropiado preguntar qué es el hombre, ya que sería más propio interrogar sobre quién es el hombre, ¿quién es la persona humana?. Como mucho se ha discutido al respecto baste referir que los seres humanos somos una realidad que por mucho rebasa las palabras, que no podemos reducirnos a un concepto, y que no existen personas en sentido abstracto caminando por la calle. Al hacer referencia al término persona, en lugar del mero individuo, denotamos una identidad, un yo concreto, presente y sujeto a las particularidades del tiempo y el espacio. Resaltamos entonces una dignidad que brota plenamente de la realidad de aquél que soy, o de aquél que se me presenta como otro semejante a mí. Este planteamiento denota la característica más elemental que poseemos los seres humanos, no somos piezas reemplazables, no somos en modo alguno intercambiables. Cada uno de nosotros es único e irrepetible, y por ello, cada uno puede aportar a la vida social la personal dimensión de su yo como nadie jamás podrá igualarle. Pensemos muy claramente este asunto con un ejemplo. Una familia se integraba por siete hijos y sus dos padres, saliendo de paseo al campo uno de los pequeños muere trágicamente por accidente…el común comentario de consuelo de los amigos de la familia es referir a la madre que no tiene por qué entristecerse ya que aún tiene seis hijos por quién vivir. Lo que los obtusos no alcanzan a comprender es que ninguno de los seis restantes puede llenar el vacío que deja el pequeño que se encuentra ya por siempre ausente, su presencia ha dejado una huella indeleble en el corazón de sus padres y de sus hermanos, tal como dice aquella canción . ¿Qué tiene que ver esta dimensión personal para la vida común de los seres humanos?, pareciera que nada, pudiera pensarse que muy poco. Pero la importancia de cada uno de los integrantes de una sociedad aporta algo que nadie podría reemplazar. Entendámonos una cosa es efectuar una función o cumplir una tarea, esto puede hacerse por diversas personas de forma similar, pero el modo, si nos fijamos bien es sumamente distinto. Por ello a la sociedad le duele perder a sus más eminentes miembros, a sus personajes más destacados, en el fondo sabemos que nunca podremos reponer su ausencia. La madurez de las personas en la vida social se perfila mediante su forma particular y personalísima, a través de su dignidad humana, para participar en la construcción del bien común. Al participar juntos los seres humanos no logran solamente el cumplimiento de una meta establecida, sino que entrelazan sus vidas, adentrándose en la humanidad de cada cual. La participación puede entenderse como una afirmación constante de la propia personalidad que en servicio se pone a disposición del otro sin dejar de ser ella misma. Al participar los seres humanos unos con otros pueden vivir de hecho la consolidación de una común unión, que les permita conseguir el perfeccionamiento de su propia individualidad. En este sentido la madurez de la persona en la vida social se mide en su capacidad de participar. Dicha participación se ve favorecida por lo que podríamos denominar actitudes auténticas, según Wojtyla, (a quien me permito retomar en estas reflexiones). Éstas son conductas que favorecen la consolidación de la vida en comunidad, y por ellas entendemos: la actitud de solidaridad, la actitud de oposición y de sentido del diálogo, que si las apreciamos con rigor son requisitos indispensables en la noción de construcción de una nueva ciudadanía y de una nueva forma de hacer política, ejercicio de suma relevancia que no es responsabilidad absoluta de partidos y de candidatos, sino cumplimiento de un profundo humanismo cívico. Solidaridad en este orden de ideas significa una disposición constante a aceptar y realizar la parte que a uno le corresponde en la comunidad, como consecuencia de ser uno de sus miembros. Al aceptar dicha actitud, la persona hace lo que se espera que haga no sólo por el simple hecho de pertenecer, sino también porque tiene ante su vista el . La solidaridad es, hasta cierto punto, un control que impide atentar contra las obligaciones y deberes de las demás personas o adoptar como propio lo que pertenece a los demás, sin embargo es una obligación constante a apoyar, de modo subsidiario, el que el otro cumpla con aquello que le corresponde a sí mismo. Por otro lado, es necesario considerar como auténtica madurez en la participación la actitud de oposición, lo que no significa rechazar la condición de miembro de un grupo y negar su disposición para actuar y trabajar por el bien común. Oponerse no a la finalidad (bien común) sino a los medios empleados para alcanzarla no sólo es lícito, sino necesario en toda vida democrática moderna. La estructura de una comunidad humana es correcta si admite plenamente no sólo la presencia de una oposición justificada en el interés de lograr el bien común, sino también en la eficiencia de la oposición es exigida por el bien común y el derecho de la participación de cada uno de sus integrantes. La tensión que se presenta entre solidaridad y oposición sólo puede ser dirimida mediante una actitud de apertura, de inclusión y de profundo sentido del diálogo que permita prescindir de los obstáculos y dificultades en el camino de la construcción de la mejora social. La madurez de la persona en la vida social puede medirse por las actitudes de solidaridad, oposición y apertura al diálogo que su acción pongan de relieve. Sin embargo, existen actitudes, enormemente difundidas hoy en día que nulifican las posibilidades en primer lugar de reconocer la valía de cada una de las personas, y en segundo, del importante papel que juegan cada una de ellas en la obtención del bien común. Las actitudes en las que ninguno de nosotros está exento de caer anulando nuestra participación son: el conformismo, una falta de solidaridad y una huída de toda posibilidad de oposición pues se carece de convicción y de posibilidad de decidir sobre uno mismo al adecuar la conducta ante las costumbres aceptadas por los demás; sumado al conformismo, aparece en segundo término, la evasión, que no sólo contrapone las actitudes auténticas sino que incluso rehuye el conformismo, ya ni siquiera actúa uno por lo que los demás actúan, se hace uno a sí mismo un ausente permanente de la realidad que le rodea, y el que está ausente se equivoca siempre. HAGAMOS PUES UNA REFLEXIÓN EN ESTE DÍA, CONSIDEREMOS A LA LUZ DE LAS NECESIDADES DE NUESTRA PATRIA EL PAPEL QUE CADA UNO DE NOSOTROS PUEDE DESEMPEÑAR EN BENEFICIO DE LOS QUE NOS RODEAN INMEDIATAMENTE, Y DE LA SOCIEDAD EN GENERAL. ES MOMENTO DE APORTAR AQUELLO QUE SÓLO CADA UNO DE NOSOTROS PUEDE OFRECER, CONSIDEREMOS LA IMPORTANCIA QUE TIENE LA APORTACIÓN DE CADA UNA DE LAS PERSONAS QUE NOS RODEA Y MEDIANTE UN OBJETIVO COMÚN ES MOMENTO DE IMPULSARNOS MUTUAMENTE, DE APOYARNOS MEDIANTE ACTITUDES AUTÉNTICAS QUE PONGAN DE MANIFIESTO NUESTRA MADUREZ COMO INDIVIDUOS COMPROMETIDOS CON LO QUE NOS UNE. ¡FAVOREZCAMOS LA SOLIDARIDAD, FINQUEMOS UNA OPOSICIÓN CONSTRUCTIVA, CONSTRUYAMOS EL DIÁLOGO Y DESTERREMOS PARA SIEMPRE EL CONFORMISMO Y LA EVASIÓN!. ES MOMENTO PARA DESPERTAR DEL LETARGO, SINO ES AHORA ¿CUÁNDO?, SI NO ES ASÍ ¿CÓMO?, SINO SOMOS NOSOTROS ¿QUIÉNES?...APROVECHEMOS AL MÁXIMO LA DIGNIDAD QUE CADA UNO REPRESENTA Y SALGAMOS POR FIN DE LA DESESPERACIÓN Y LA PASIVIDAD. Muchas Gracias.
30/06/2005
SALUD FAMILIAR, CAMINO A UNA BUENA SOCIEDAD LIVERPOOL 25 DE MAYO 2005 GUIÓN PARA PARTICIPACIÓN EN CÁPSULA TELEVISIVA
Por Héctor Sampieri Rubach.
El presente texto tiene por objeto apoyar la presentación en un programa de la empresa Liverpool al que gentilmente he sido invitado. Esperando sacar provecho de los tiempos asignados, propongo la exposición del tema de acuerdo a las siguientes ideas clave:
1. Familia, una noción polémica 2. Familia y sociedad, tareas fundamentales 3. Salud Familiar
Familia, una noción polémica
Hoy en día vivimos una crisis en las instituciones humanas que se expande a los ámbitos sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos. Los cambios de época en los que nos vemos envueltos al iniciar el siglo XXI conllevado fuertes cambios en la vida cotidiana de las personas, sus familias y las comunidades. Es muy probable que los vertiginosos cambios de la sociedad y la cultura hayan afectado a la familia como a ninguna otra institución. Y le han afectado en tal manera que hoy en día desde distintos espacios se tiene cuestionado de modo profundo la realidad familiar y su papel frente al orden social. Pareciera que hay confusión en lo más inmediato para cada uno, a este respecto surgen dos incógnitas: ¿es valido creer en la familia como forma de organización social?, y si la familia tiene sentido ¿qué debemos entender por familia? Estas preguntas, con las profundas implicaciones que en ellas se involucran, nos revelan que la familia hoy en día se presenta como un término ambiguo difícil de reconocer y de comprender.
Dando respuesta a la primera interrogante es posible decir que hoy en día la familia tiene sentido en cuanto forma de agrupación primordial del ser humano, en cuanto comunidad fundante de comunidades; sin embargo, existen por lo menos dos consideraciones de corte antropológico, social y filosófico que ponen en entre dicho la funcionalidad de la familia frente a la sociedad y su importancia institucional. (Cf.,GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Hacia una Perspectiva de Familia., Congreso Internacional sobre la Familia. Familia hoy, derechos y deberes., Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. Sistema Nacional DIF).
La primera de ellas se caracteriza por una visión evolucionista de la familia. Desde esta óptica se considera a la familia como un entorno de relaciones condicionado por la cultura, que ante la presencia de una sociedad en constante progreso técnico y científico, que eventualmente desaparecerá al no contar con justificación evidente de su existencia. Entonces se reconoce la familia funciona en condiciones primarias de desarrollo, como puede ser el ámbito rural, que a través de sus vínculos de solidaridad comunitaria permiten la socialización de los miembros. El progreso supone que la familia requiera cada vez menos el apoyo de la comunidad, la familia urbanizada satisface sus necesidades en el supermercado donde la autosuficiencia que brinda la tecnología alcanza para dar cumplimiento a los requerimientos de la vida cotidiana.
Hoy podemos constatar que existen sociedades cansadas – aunque saturadas de servicios en un esquema de bienestar – en las que la desintegración familiar, la angustia y el proceso de envejecimiento de la población son sólo algunos de los indicadores de que algo no está funcionando adecuadamente, y que se requieren más que nunca los lazos comunitarios que hacen posible la existencia.
Otra consideración es representada por un enfoque preferentemente individualista en el cual el sujeto se agrupa en familia no como una cuestión inherente a su naturaleza, sino para hacer frente a sus necesidades, por lo que cuando éstas sean satisfechas puede dejar de pertenecer a aquellos que le rodean de modo más inmediato. No existe corresponsabilidad y solidaridad en la gratuidad, lo que se hace por el otro estaría determinado por el interés. No se sucita la participación en la búsqueda de un bien común que implica realización. La realidad de la familia nos revela que esta forma de comprenderla no es de suyo real ya que dentro de la familia se brindan acciones los unos por los otros sin un interés material.
“Que el hombre aspire a su realización individual no significa que esta pueda y deba lograrse bajo la guía de la optimización individualista y comercial de las acciones y de los esfuerzos…La sociedad bajo este canon no funciona porque las personas y las familias que buscan ser reconocidas y respetadas en sí mismas, por su valor intrínseco, no-comercializable, no encuentran más que un criterio utilitario (la conveniencia económica) al momento de ser valoradas” (GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Hacia una Perspectiva de Familia., Congreso Internacional sobre la Familia. Familia hoy, derechos y deberes., Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. Sistema Nacional DIF).
Ante estas dos consideraciones puede hoy recalcarse el importante papel de la familia en cuanto espacio de desarrollo vital para el ser humano. La familia es el ámbito, como decía Chesterton, donde nacen y mueren los hombres. Donde suceden las decisiones más importantes en la vida de las personas que la integran. Supone un espacio de pleno reconocimiento y fomento a la dignidad de la persona; así como una semilla para el desarrollo de habilidades, actitudes y conductas que están al servicio de todo el constructo social.
El planteamiento del fortalecimiento de las redes comunitarias como fundamento del capital social, intelectual y humano que activa las plataformas y sistemas económicos encuentra en la familia un punto de apoyo inigualable para el impulso del desarrollo sostenible e incluyente para cada uno de los ciudadanos.
La segunda interrogante planteada, reconoce la importancia de la familia, pero requiere precisar ¿qué es la familia?, ¿cuál es la familia ante la diversidad de formas de agrupación de los hogares?. Hablaremos ahora brevemente de las tipologías familiares.
Los sociólogos y psicólogos han creado una gran variedad de términos para denotar las formas de organización o estructuración familiar, por ello es que podemos encontrarnos conceptos como: Familia nuclear: conformada por padre y madre con hijos, usualmente llamada tradicional. Hoy en día según datos de INEGI en México el 69% de los hogares se agrupan de esta forma.
Familia monoparental: conformada por un jefe (padre o madre) y sus hijos. Como ejemplo hoy en día tenemos 4.5 millones de hogares encabezados por una mujer como jefa de familia.
Familia extensa: padre y/o madre, sus hijos y otros parientes (tíos, abuelos). Hoy en día en este rubro se agrupan el 24.5% de los hogares en México.
Familia reconstituida: padre /o madre con hijos que se ha vinculado con otra pareja generalmente también con hijos propios. Debido al índice de divorcios que ha aumentado puede suponerse que estas nuevas agrupaciones han también aumentado.
También tiende a considerarse como familia a uniones irregulares que no se encuentran protegidas por ningún vínculo jurídico, e incluso hay algunos más aventurados que consideran la unión de dos personas del mismo sexo como un nuevo tipo de familia, en el que desea abrirse el camino a la adopción. En este último sentido desde la concepción antropológica personalista en la que estas consideraciones se enmarcan no es posible denominar a la pareja homosexual como matrimonio, ni mucho menos en razón del interés superior del niño admitir la adopción por parte de parejas homosexuales (Se hace imposible ahondar en este tema sin embargo puede resumirse este postulado en la manifestación concreta que la homosexualidad supone la negación de la complementariedad entre varón y mujer).
Ante este panorama es necesario especificar que deben eliminarse ambigüedades que presenten confusión. Para ello es justo especificar que el referente cultural de nuestra cultura occidental sigue encontrando a la familia tradicional, cimentada en la unión del matrimonio, como el ideal constitutivo de la familia:
“…se trata de un dato sorprendente, todos los estudiosos de las ciencias humanas reconocen hoy que el deseo o la nostalgia de tener una familia está bastante difundido y que la familia resiste, tanto en su forma como en su significado. Resiste la forma de la familia: se sigue concibiendo, en la imaginación colectiva, como pareja orientada a la generación del hijo o hijos. En segundo lugar, resiste el significado de la Familia. Su significado de humanización, es decir, de maduración de la pareja a través de la experiencia del amor recíproco, acompañando de modo esencial por la apertura a la generación y educación (humanización) del hijo” (SCOLA, Angelo., Hombre-Mujer.El misterio nupcial. Ed. Encuentro., Madrid, España., 2001., pág. 193).
Es por ello un deber rescatar el sentido de justicia ligado al matrimonio. En este sentido, el matrimonio es un vínculo jurídico que genera derechos y obligaciones respecto de los contrayentes y que les ofrece desde el ámbito legal y normativo una protección a sus intereses comunes. La unión libre no ofrece ninguna garantía, el matrimonio entonces proporciona seguridad a los que él transcurren su vida:
“Esto jamás quiere decir que sólo exista familia cuando la pareja matrimonial vive o cuando esta funcione de manera óptima. Lo que se desea apuntar es que las funciones de la familia aparecen y se reproducen socialmente a partir del establecimiento de la protección legal de un nexo justo entre personas de diverso sexo que deciden libremente compartir la vida entre sí. El amor en la vida conyugal siempre supone la justicia. La justicia es el mínimo del amor. Por ello, las personas que se confiesan amor no pueden prescindir de proteger en la medida de sus posibilidades los elementos de convivencia justa que son la base mínima, que son el «piso», sobre el que se construye una vida en común que está llamada, evidentemente, a rebasar la pura justicia. El matrimonio civil, entonces, es una institución de suyo justa en su existencia y llamada a salvaguardar la justicia.” (GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Hacia una Perspectiva de Familia., Congreso Internacional sobre la Familia. Familia hoy, derechos y deberes., Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. Sistema Nacional DIF.)
La familia tradicional no es una panacea, definitivamente al interior de ella se han reproducido patrones de conducta que afectan la vida de sus miembros (el machismo o la violencia por ejemplo); no es una visión rosa afirmar su importancia, pero en justa razón no puede ocultarse que en determinadas ocasiones esta forma de agrupación ha supuesto el atropello de los derechos fundamentales de cada uno de sus integrantes. ¿Por qué sucede esto?, fundamentalmente porque la familia deja de funcionar como un sistema que promueve el desarrollo integral de sus miembros lacerando sus derechos y afectando su personalidad; en este sentido es posible decir que existe una carencia de salud familiar. La familia que naturalmente es sitio de encuentro se convierte en fomento del alejamiento de los seres humanos y en desintegración de los lazos interpersonales que en sanas condiciones proporcionan un significado de vida.
Surge entonces una cuestión más profunda: ¿Cómo definir a la familia sin discriminar realidades de agrupación familiar presentes hoy en día?.
Partiendo de la familia tradicional como un influyente referente cultural, es posible buscar una definición de familia que, concediendo espacio a las deficiencias en la agrupación de la familia nuclear, conserve el sentido de interacción propio de la vida en comunidad de personas que participan del existir y de las acciones de los otros de un modo sin igual. En este sentido es imposible considerar a la familia como una agrupación de personas bajo un mismo techo (los soldados por ejemplo, no son familia), se precisan relaciones de determinado tipo que distingan a la familia de otras realidades de interacción humana.
El Dr. Manuel Ribeiro Ferreira nos presenta la siguiente definición, que dentro de las presentes consideraciones, nos parece muy útil:
“un grupo primario formado por padre(s) e hijo(s), y eventualmente otros parientes, unidos entre sí por lazos múltiples y variados, que se apoyan y ayudan de manera recíproca y que cumplen diversas funciones en beneficio mutuo y de la sociedad” (RIBEIRO FERREIRA, Manuel., Familia y Política Social., Lumen., 2000., Pág. 26 y 27).
En esta definición existen elementos que su autor explica y que se agregan aquí debido a su importancia:
a) Se refiere a padres en un sentido muy amplio: padres biológicos y/o adoptivos; presentes o ausentes del hogar de residencia; padres únicos (familias monoparentales) o en pareja de varón y mujer (familias biparentales). b) Al hablar de la presencia de otros parientes, se reconoce que no todas las familias son nucleares. Existen las familias extensas, semiextensas y compuestas. c) Cuando se habla de lazos múltiples y variados se hace alusión a vínculos legales (matrimonio y adopción por ejemplo), lazos biológicos (consanguíneidad) y también lazos afectivos y educativos, culturales y de valor. d) Al referirse a las funciones se da amplio reconocimiento al importante valor que esta institución tiene para el desarrollo social y personal de los individuos y en consecuencia de las sociedades.
2. Familia y Sociedad, tareas fundamentales
Familia y sociedad mantienen una relación bidireccional, es decir un vínculo de mutua influencia y se requieren mutuamente porque si bien es cierto que la familia es base de la vida social, la familia no agota la realidad de las necesidades sociales del hombre. Una y otra se complementan en razón de la sociabilidad natural del ser humano:
“El hombre es un ser que nace y vive en sociedad y ello no de forma accidental, sino constitutiva: su aparecer en el mundo presupone una pluralidad humana que le antecede y de la que recibe no sólo la vida, sino, además, los medios de subsistencia, el lenguaje y la cultura; y su continuar viviendo, su crecer y desarrollarse, son posible gracias al entrecruzarse de su existencia y su acción con la de los otros seres humanos con los que comporta el espacio vital. Pero esa mismas sociedad en la que nace y de la que depende se le presenta a la vez, en ocasiones, como extraña y, en otras, como alienante y opresora, como fuerza enemiga, fuente de frustración y muerte” (ILLANES MAESTRE, José Luis., Persona y Sociedad., en SARMIENTO, Augusto., Moral de la persona y renovación de la teología moral., EIUNSA., Navarra, España, 1998., Pág 199).
“Antes de que la persona se encuentre con las realidades sociales primarias (barrio, escuela, ciudad...), la persona crece en el círculo familiar que lo ha visto nacer. Se puede afirmar más aún: es precisamente a través del ámbito de la familia como el hombre toma contacto con la sociedad. Por esta razón el discurso de los derechos fundamentales no puede hacerse si se considera a la persona como un individuo aislado, al margen de la familia. En efecto, el hombre desde el punto de vista existencia, en primer lugar es esposo, padre, hijo y hermano y sólo posteriormente ciudadano: como miembro de una familia inicia a experimentar su identidad personas, su co-existir, su ser hombre junto a otros hombres. En la trama cotidiana de la vida de familia, la persona adquiere conciencia de su dignidad y de ser sujeto de derechos: esta toma de conciencia es consecuencia natural de la ley del amor, marco ideal de la familia” (SCOLA, Angelo., Hombre-Mujer.El misterio nupcial. Ed. Encuentro., Madrid, España., 2001., pág. 210).
Bajo estas consideraciones es posible reconocer que la familia lleva a cabo tareas insustituibles (que sólo ella puede desempeñar del mejor modo) frente a cada uno de sus miembros y ante la globalidad de la vida social y del Estado. Es posible reconocer cuatro funciones básicas en este sentido:
1. Equidad generacional: (solidaridad diacrónica, apoyo entre generaciones) implica el juego de afectos, cuidados y equilibrio entre la actividad laboral, servicio e inactividad forzosa, que intercambian entre sí los miembros de la familia. 2. Transmisión cultural: aprendizaje de la lengua, la higiene, las costumbres y el uso de símbolos y tradiciones. 3. Socialización: proporciona los mecanismos de pertenencia al grupo mediante los cuales las personas se presentan ante las otras con un sentido profundo de humanidad, y esto implica la educación afectiva y racional. 4. Control social: compromiso para evitar la proliferación de conductas socialmente derivadas que pondrían en riesgo la estabilidad y continuidad de los grupos humanos.
(Cf., PÉREZ ADÁN, José y ROS CODOÑER, Javier., Sociología de la Familia y de la Sexualidad., EDICEPI., España., 2003., pág. 124 y 125)
3. Salud Familiar
La salud familiar supone la realización de aspectos positivos dentro de la familia garantizando la solidaridad, ayuda mutua y cooperación de los miembros de la familia en el cumplimiento de un bien superior compartido; en ella se congregan y complementan en un clima de mutualidad que le permiten mejorar su integración en un ámbito congruente con los derechos de las personas.
Se sostiene entonces que la estructura de la familia o su tipología no se encuentran directamente relacionadas con la salud, es decir, no dependen de su composición el que se garantice la protección y desarrollo de sus miembros. La realidad nos indica que puede existir disfuncionalidad en familias aparentemente “integradas” y funcionalidad en familias no tradicionales. No obstante, es necesario precisar que existen determinadas tipologías familiares que pueden predisponer a mayores obstáculos en el desarrollo, por ejemplo una madre soltera deberá sortear mucho más obstáculos que aquella madre que comparte con su pareja las labores propias de la educación de los hijos (Cf., Marco Referencial Perspectiva Familiar y Comunitaria., Sistema Nacional DIF).
La familia que puede llevar a cabo las funciones que le corresponden (las tareas insustituibles) posee salud familiar. Le corresponde al Estado y a la sociedad en general, reconocer el importante papel de esta institución frente al desarrollo de la comunidad y potenciarle, en un clima de subsidiariedad, en la generación de condiciones que le permitan ser la protagonista de su desarrollo:
“Para que la familia llegue a ocupar el lugar que le corresponde en una sociedad democrática, cuyos miembros no se resignen a ser unidades homogéneas manejadas por el Estado y el mercado, espectadores adormilados de la gran farsa audiovisual, es imprescindible el cultivo de una nueva cultura de la familia, en que ésta no se deje cosificar pasivamente, sino que se considere a sí misma como protagonista activa de la iniciativa social" (LLANO, Alejandro., El diablo es conservador., EUNSA., Navarra, España., 2001., pág.125).
A este respecto posee relieve el título de las reflexiones que hoy se han expuesto mediante este texto. No es posible buscar la mejora social sin reconocer la necesidad de la mejora de la familia como servicio al desarrollo sostenible e incluyente. Si cooperamos todos en la mejora social debemos voltear nuestra mirada y atención a la mejora de la salud en las familias previniendo conductas nocivas que ponen en riesgo la estabilidad de la vida en comunidad; cada uno de nosotros puede colaborar desde su particular ámbito de acción, la salud familiar es responsabilidad de todos, desde el gobierno, la sociedad civil, la iniciativa privada, las instancias educativas, culturales, religiosas, y con un papel predominante las propias familias.
Es un hecho claro y sumamente demostrable que las familias unidas en la promoción de sus miembros son un avance determinante en la obtención del bien común de la sociedad y del Estado. La fortaleza y salud de las familias mexicanas es la fortaleza y salud de México.
23/04/2005
S.S. JUAN PABLO II: UN PAPA DIFERENTE LIVERPOOL 13 DE ABRIL DE 2005 ENTREVISTA TELEVISIVA
Por Héctor Sampieri Rubach. “A todos sólo les quiero decir una cosa: Que Dios os De la Recompensa” Testamento. S.S. Juan Pablo II
Introducción
El presente texto tiene por objeto apoyar mi participación en un programa de la empresa Liverpool al que gentilmente he sido invitado. Esperando sacar provecho de los tiempos asignados, hemos concretado el siguiente esquema en el que procuraremos centrar el diálogo: 1. La relación del Papa y la Cultura. 2. Un Papa Diferente: estilos personales que marcan el pontificado. 3. El significado de la . 4. Su legado filosófico. 5. La despedida y el encuentro del sucesor. Cierre de una etapa.
La relación del Papa y la Cultura
Hablar de la persona de Juan Pablo II supone, entre otras muchas dimensiones, plantear el aspecto cultural, el sentido y quehacer de la cultura al servicio del hombre. Es necesario pues reconocer el gran espacio que, a nivel personal y a nivel de dirigente de la Iglesia, brindó a este tema.
A nivel personal, encontramos un hombre no sólo convencido del determinante papel de la cultura en la conformación de la identidad de los pueblos, encontramos un profundo promotor de los espacios de cultura y reflexión que hace vida cada postura que asimila y procura comprender.
Siendo joven fue aficionado y gran conocedor, mediante su estudio de filología, preliminar al sacerdocio, de los grandes poetas polacos que a través de su arte le contagiaban la necesidad de una profunda reflexión sobre el pasado, presente y futuro de su querida Polonia; encontramos en el joven sacerdote el intercambio de ideas y posturas entre sus contemporáneos; encontramos en el Obispo auxiliar y en el Cardenal de Cracovia, un hombre comprometido con la celebración, en su propia residencia, de círculos de reflexión que abordaban asuntos científicos, psicológicos, biológicos, económicos, pastorales, etc. Sobre todo encontramos en él, la búsqueda constante del poeta que mediante signos y símbolos busca encontrar aquellas verdades que el puro discurso racional no alcanza a revelar… tal como dice Octavio Paz: “La poesía no pretende revelar como las religiones y las filosofías, lo que es y lo que no es sino mostrarnos en los intersticios y resquebraduras, aquello que se escapa de las generalidades, las clasificaciones y las abstracciones: lo único, lo singular, lo personal”.
Desde la Iglesia, a partir de su obispado, cardenalato y pontificado, Juan Pablo II se caracteriza por ser profundamente respetuoso de la cultura, sin ir muy lejos podemos encontrar en sus acciones ejemplos concretos:
Buscó siempre dirigirse a aquellos que le escuchaban en el idioma propio de éstos; cuando menos un saludo en la lengua nativa de las regiones a las que arribaba procuraba realizar. Fue conocedor de más de 11 idiomas, y podía expresarse en diversas lenguas y dialectos.
Solía, sin que le representará un problema, reconocerse extranjero en la tierra ajena, pero dispuesto a conocer las costumbres y acercarse á éstas con inusitada apertura; cuando fue nombrado Papa refirió ante la multitud expectante que los cardenales habían llamado a un Papa de un país lejano, lejano pero cercano en la fe y en la comunión a la Iglesia y pidió a los fieles que le corrigieran en “su lengua”, a lo que siguió una aclaración, “en nuestra lengua italiana” si es que se equivocaba. Pensemos también en la frase vertida para México en el Estadio Azteca: ¡puedo sentirme un Papa Mexicano!.
Manifestaba ese profundo respeto por la cultura, mediante una sencilla pero representativa muestra de afecto: besar la tierra a la que llegaba y a la que expectante, desde Roma, dirigía mensajes previos a su viaje en el cual destacaba las virtudes de la tierra que visitaría.
En nuestra mente se encuentran las imágenes del Papa en encuentros con tribus de África, compartiendo oración con diversos líderes religiosos, entrando a una sinagoga en Roma, comportándose como un joven más en las jornadas mundiales de juventud, recibiendo las bendiciones de los danzantes en la propia Basílica de Guadalupe, etc.
Dichos sucesos son en la persona del Papa un reflejo de su pensamiento sobre el tema de la cultura desde el ámbito de la Iglesia, podemos ver prueba de ello en algunos de sus discursos y escritos:
“Está en conformidad con la tradición constante de la Iglesia el aceptar de las culturas de los pueblos, todo aquello que está en condiciones de expresar mejor las inagotables riquezas de Cristo.” (Familiaris Consortio N.10).
“…la cultura debe considerarse como el bien común de cada pueblo, la expresión de su dignidad, libertad y creatividad, el testimonio de su camino histórico. En concreto, sólo desde dentro y a través de la cultura, la fe cristiana llega a hacerse histórica y creadora de la historia.” (Christifidelis Laici N. 44).
“…la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas, respetará sus valores y riquezas propias. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición viva expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos.” (Catechesi Tradendae N. 53)
“...la Iglesia necesita de la cultura, así como la cultura necesita de la Iglesia. Se trata de un intercambio vital, que en un clima de diálogo cordial y fecundo, lleva a compartir bienes y valores que contribuyan a profundizar la identidad cultural, como servicio al hombre y a la sociedad.” (Encuentro con el mundo de la cultura. II Visita Pastoral a México. Mayo, 1990).
Un Papa Diferente: estilos personales que marcan el pontificado
Karol Wojtyla ha impuesto su sello personal a las labores del pontífice romano al punto de modificar protocolos y romper esquemas, baste pensar en tres realidades a manera de ejemplo:
1.Antes de Juan Pablo II, si alguien deseaba un encuentro personal con el Papa debía viajar a Roma...(tenemos antecedentes en la figura de Pablo VI quien ganó fama como Papa Viajero, sin embargo el Papa Peregrino Juan Pablo II ha perfilado la vocación ya indispensable de búsqueda de las ovejas por parte del supremo pastor de la Iglesia)... ahora el Papa ha acudido, reconociendo una especial vocación misionera en su primer viaje a México, al encuentro con el hombre en todas las latitudes del mundo. A tal grado esto ha impactado a la Iglesia que ya no podemos pensar en un Pontífice recluido y ensimismado en los palacios vaticanos.
2.Su acercamiento y contacto con los medios de comunicación, y periodistas de diversa escuela, le han permitido difundir el mensaje del Evangelio con una amplitud inimaginable, tocando en muchas celebraciones litúrgicas el otro extremo de la tierra en . Esta situación nos demuestra además, la gran capacidad de adaptación del Papa, ya que consideramos que al venir de un país comunista, siendo Obispo y después Cardenal, el contacto con los grandes medios masivos era si escaso o más bien nulo. Mediante su carismática personalidad y dotes de comunicador, el Papa, no se convirtió solamente en una nueva fuente para cubrir sino que determinaba mediante su habilidad y en muchos de los casos el rumbo de lo que se habría de decir sobre su persona y sobre su labor. Hoy no podemos entender un Papa que no les conceda a los medios la relevancia que merecen.
3.Su profunda honestidad intelectual le permitió establecer diálogos con representantes de posturas que anteriormente habían sido antagonistas de la Iglesia (diversos líderes comunistas por ejemplo); supo criticar las debilidades e injusticias de los países totalitarios del bloque comunista sin que ello representará una adhesión a los principios del inhumano neoliberalismo económico. Sobre todo en este punto, es necesario destacar su esfuerzo por consolidar una profunda reflexión en la historia que, en el ámbito del Gran Jubileo del año 2000, llevó al reconocimiento de las así llamadas “culpas del pasado” en la historia de la Iglesia.
Algunos datos relevantes en 26 años de Pontificado :
Ha sido el Papa que más peregrinos ha recibido en Roma. Tan sólo se calculan 8 millones de fieles durante el Gran Jubileo.
Concentró en un solo evento a 4 millones de personas en Manila, Filipinas, en 1995.
Visitó 133 países, recorriendo 604 ciudades.
Pronunció más de 2 357 discursos.
Proclamó 1,320 beatos en 143 ceremonias, y canonizó a 472 santos.
Recibió a 426 Jefes de Estado, reyes y reinas; se entrevistó también con 187 Primeros Ministros y 190 Ministros de Exteriores; recibió 642 cartas credenciales de embajadores ante el Estado Vaticano.
Escribió 14 encíclicas; 13 exhortaciones apostólicas; 42 cartas apostólicas; 28 motu propio.
...(CF., Fuentes Vaticanas en Biografía de Su Santidad, disponibles en www.vatican.va., Reforma Diario, Sección Especial., Juan Pablo II., Domingo 3 de Abril de 2005)...
El significado de la palabra viva
Una posible explicación al arrebato emocional y espiritual que experimentaban aquellos que estaban en su presencia, se debe a la profundidad que éste hombre transmitía mediante cada una de sus palabras y por medio del lenguaje corporal, es decir, por cada uno de sus gestos y movimientos. Esa profundidad que irradiaba, y la que muchos describen como una sensación inolvidable, no puede entenderse fuera del contexto de la vida de Karol Wojtyla. Siendo joven, y mediante el especial contacto con la cultura antes abordado, se unió a un esfuerzo de resistencia la invasión de los Nazis a su patria; mediante su incursión en el teatro de la palabra viva, reflexionaba la importancia y fuerza que la palabra posee para transformar la historia aún a pesar de considerables impedimentos u obstáculos materiales.
La palabra surge del hombre y al expresar su realidad interior se convierte en una experiencia que transforma. El teatro de la palabra viva dejaba en segundo plano la trama, vestuario y demás accesorios, privilegiando aquello que sucedía en la conciencia de la audiencia. Dicha experiencia era una transformación profunda de aquél que la vivenciaba. Los gestos y los símbolos se unen a la palabra en el esfuerzo de comunicar aquello que hay dentro del hombre; Su Santidad era capaz de hacerle sentir a aquél que se encontraba junto a él la enorme fuerza de su vida interior, sus palabras y sus movimientos corporales lograban transmitir lo más profundo de su ser. Como ejemplo, podemos ver que a lo largo de los 26 años, y en medio de innumerables molestias físicas, el Papa nunca ocultó su sufrimiento, antes bien lo ofreció en palabras y acciones como una prueba de la no siempre facilidad de la vida y de la trascendencia del mensaje del Evangelio. La profundidad de su ser era la fuerza para hacer frente a la inmovilidad e incluso en sus últimos días a la incapacidad de pronunciar palabra.
...(Cf., S.S. Juan Pablo II., Don y Misterio., Plaza & Janes., México, 1997; Cf., WEIGEL, George., Testigo de Esperanza. Biografía de Juan Pablo II., Plaza & Janes., México., 1999)...
Su legado filosófico
El Cardenal Karol Wojtyla, antes de se Papa, se desempeñaba, además de los deberes propios de Pastor, como filósofo cristiano y gozaba entonces de cierto conocimiento en círculos intelectuales, incluso al otro lado del mar en Estados Unidos. Al momento de convertirse en Pontífice de la Iglesia Católica su labor debe cambiar de perspectiva y no puede continuarse solamente desde el ámbito filosófico.
Sus obras mayores tratan sobre la persona y su acción enraizada en la experiencia de la moralidad y sobre el amor humano que no puede ser otra cosa que expresión de la responsabilidad por el otro (Persona y Acto, y Amor y Responsabilidad son así sus dos obras mayores).
Como filósofo es posible notar la constante del diálogo entre posturas que le caracteriza, desde la enseñanza de la ética Wojtyla hace entrar en comunicación a personajes ilustres de diversas corrientes de pensamiento (Santo Tomás, Kant, Scheler, entre otros), sobre esto hay un relato que podríamos poner en consideración:
“Los títulos de sus conferencias monográficas, de sus libros, son títulos puente: El Acto y la Experiencia; El Valor y el Bien; La Norma y la Responsabilidad; Amor y Responsabilidad. Descubrir a alguien el puente allí donde sólo se veía el abismo, una brecha entre dos cosas, sería como construirle el puente. Wojtyla es el maestro del en la ética y la filosofía. Puente en latín es pons. El constructor del puente, pontifex. ¡Impresionante! Pontifex, significa también sacerdote. En Roma se llama al Papa Pontifex Maximus. ¿Realmente todos los caminos conducen a nuestro maestro de la Ética a Roma?.”
...(“Karol Wojtyla: Filósofo-Moralista”., STYCZEN, Tadeusz., en WOJTYLA, Karol., Mi visión del hombre., Palabra., 3ª. Edición., Madrid, España., 1998., p.24.)...
Su legado o aportación filosófica puede resumirse por el Dr. Rodrigo Guerra en tres aspectos que se retoman aquí brevemente:
1.Persona como sujeto comunional: La persona es un sujeto relacional llamado a la entrega sincera los demás. 2.Subjetividad de la persona, del trabajo y de la sociedad: Existe una prioridad del hombre frente al mundo de las cosas, el hombre vale más por aquello que es que por aquello que produce. No es posible desestimar la experiencia humana de la subjetividad personal que impacta en modo profundo a la vida social. 3.Norma personalista de la acción: ¡Hay que afirmar a la persona por sí misma y nunca usarla como medio!.
...(Cf., LÓPEZ., Rodrigo., El aporte filosófico de Juan Pablo II. Breve Homenaje al Papa en sl XXV Aniversario de su Pontificado., Rivista Internazionale di Filosofia, Pontificia Università Lateranense, Roma, 2004, Vol. XLVII, n. 2, p.p. 457-466)...
Sus principales discípulos y continuadores en la cátedra de ética en Polonia lo han identificado como “filósofo de la libertad en el servicio del amor”.
...(Karol Wojtyla: Filósofo-Moralista”., STYCZEN, Tadeusz., Op.Cit)...
Podemos ver un eco de estas consideraciones, incluso de su trayectoria filosófica, en una de sus últimas encíclicas:
“La perfección del hombre no está en la mera adquisición de conocimiento abstracto de la verdad, sino que consiste también en una relación de viva entrega y fidelidad hacia el otro” (Fides et Ratio N. 32).
La despedida y el encuentro del sucesor. Cierre de una etapa.
Nos encontramos actualmente en lo que se denomina dentro de la Iglesia Sede Vacante, dicha situación es contemplada por la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, publicada por Su Santidad en 1995.
En dicho escrito su Juan Pablo II preparó a la Iglesia para el momento de su ausencia, recapitulando las tradiciones antiquísimas de la elección de Sumo Pontífice, y sintetizando las disposiciones de sus más inmediatos predecesores.
“...los Sumos Pontífices, en el curso de los siglos, han considerado como su deber preciso, así como también su derecho específico, regular con oportunas normas la elección del Sucesor. Así, en los tiempos cercanos a nosotros, mis Predecesores san Pío X, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y por último Pablo VI, cada uno con la intención de responder a las exigencias del momento histórico concreto, proveyeron a emanar al respecto sabias y apropiadas reglas para disponer la idónea preparación y el ordenado desarrollo de la reunión de los electores a quienes, en la vacante de la Sede Apostólica, les corresponde el importante y arduo encargo de elegir al Romano Pontífice” (Universi Dominici Gregis, Introducción).
Hasta el día de hoy nos ha tocado constatar por los medios de comunicación, que han efectuado una cobertura tan amplia, la sepultura y las exequias (celebradas durante nueve días) de Su Santidad. Incluso a partir del día 13 de abril, podrán los fieles visitar la tumba de Juan Pablo II quien ha sido colocado en el sepulcro que anteriormente perteneciera a Juan XXIII, muy cerca de la capilla que el propio Papa mandó construir en honor de la Virgen de Guadalupe.
En estos momentos se espera que lleguen a Roma todos los cardenales electores, menores de 80 años, para el inicio del cónclave. El colegio cardenalicio ha determinado la fecha del 18 de abril como el día en que iniciará la elección del Supremo Pontífice de la Iglesia Católica.
Hemos constatado la grandeza de este hombre en la magnitud de su despedida y entierro por parte de los fieles, ciertamente con él podemos decir que se cierra el capítulo final del Siglo XX en la historia humana. Habemos muchos que no tenemos fresco en la memoria el recuerdo de venerables hombres de Dios que han fungido como Pastores de la Iglesia a lo largo del siglo pasado, y la imagen de este Papa es muy fuerte y será presencia a lo largo de nuestra vida. Su presencia y palabra ha transformado nuestra existencia, es recuerdo vivo.
El proceso que estamos como Iglesia por iniciar requiere de nuestra oración como fieles para rogar a nuestro Señor un Papa capaz de enfrentar este nuevo siglo, dando profunda difusión de las Enseñanzas siempre fieles del Magisterio. Debemos tener apertura para escuchar lo que en Roma sucede y recibir con alegría al que ahora será nuestro pastor y suprema cabeza de la Iglesia.
Un ciclo o etapa posee como todo proceso un inicio y un fin. Recordemos ahora el inicio en las primeras palabras de Su Santidad al Mundo:
“¡Hermanos y hermanas! ¡no tengáis miedo de recibir a Cristo y de aceptar su potestad! ¡Ayudad al Papa y a todos los que quieran servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a toda la humanidad!
¡No tengáis miedo! ¡Abrid, y aun de par en par, las puertas a Cristo!
A su salvadora potestad abrid los confines de los Estados, los sistemas económicos al igual que los políticos, los amplios campos de cultura, de civilización, de desarrollo. ¡no tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo sabe!
Hoy, con mucha frecuencia, el hombre no sabe qué lleva dentro, en la profundidad de su espíritu, de su corazón. Muchas veces se siente incierto sobre el sentido de su vida en esta tierra. Está dominado por la duda, que se convierte en desesperación. Permitid, por tanto -os lo pido, os lo imploro con humildad y con confianza- permitid a Cristo que hable al hombre. Sólo Él tiene palabras de vida, ¡sí!, de vida eterna.” (Homilía del Papa Juan Pablo II en el comienzo de su Pontificado, 22 de Octubre de1978).
Sus primeras palabras llevan una gran relación con lo que nos revela en su testamento, sus últimas palabras, y poseen una idea de fondo: ¡el cristiano no puede dejarse llevar por el miedo, por el temor, sino que siempre debe aceptar el designio de Dios para su propia vida!. Hoy que la Iglesia adolece por la muerte del Papa, no hay que tener miedo, la esperanza predomina sobre la tristeza como la luz termina con la oscuridad.
La invitación a no tener miedo y abrir nuestro ser a la Verdad Revelada en Jesucristo no puede ser más actual que nunca, las palabras del Papa resonarán por siempre en la historia de la Iglesia Universal y su recuerdo guiará por muchos años el caminar de fieles laicos, de sacerdotes, de obispos, incluso, de las naciones de la tierra.
03/02/2005
 En el siglo que se nos fue, y en el que muchos aún sentimos transcurrir nuestra vida, la historia de la humanidad tuvo grandes y significativos cambios, por ejemplo realidades tecnológicas que, en menor o mayor grado han indicado alguna tendencia a nuestro destino, han impactado profundamente la existencia humana. A la par de cambios y descubrimientos, de innovaciones y agudas creaciones, el siglo XX bien podría ser llamado “el siglo de los personajes”. Grandes figuras, grandes monumentos, grandes historias y leyendas se han conformado alrededor de personas que, siendo iguales a nosotros, han sabido destacarse entre la multitud; su magnitud reside en el ofrecimiento de significados positivos y/o negativos, mediante su persona y acción, que son depositados en la memoria y conciencia de los hombres, sean estos contemporáneos o bien herederos. El que podría ser ubicado fácilmente dentro del “top ten” de los personajes más ilustres de los extintos cien años, es sin duda alguna Karol Wotyla o como se le conoce públicamente: Su Santidad Juan Pablo II. Ciertamente desde muy distintas perspectivas puede analizarse el desenvolvimiento e importancia de tan destacada persona: mucho puede aportarnos el enfoque histórico, el sociológico, el moral, el filosófico, el teológico, el humanístico, incluso el artístico ya que nuestro personaje es también poeta. Pero hoy la reflexión busca apuntar a presentar algunos rasgos de la personalidad del ser humano que se encuentra detrás de la figura. Presentar la figura entonces de Juan Pablo II supone adentrarse en la historia, la trayectoria intelectual, la participación social, el humanismo, entre otras muchas destacadas dimensiones, de aquél hombre nacido en Polonia en 1920; es acercarse, para aprender de su ejemplo, a un hombre que como muchos hoy en día es cuestionado en su existencia misma por los sucesos amargos de la propia vida. Wojtyla crece en el seno de una familia a la que la muerte le gusta frecuentar, se desenvuelve en una nación con una historia profundamente complicada, es testigo en carne propia de dos de las formas más terribles de autoritarismo y represión que ha visto el ojo humano: el fascismo y el comunismo; sin embargo, éstas que podrían ser consideradas situación de derrumbe son, en la persona del Papa, los sucesos que contribuyen a modelar su personalidad. Un aprendizaje profundo de las verdades y misterios del ser humano devienen del contacto vital que Wojtyla tiene con la muerte, con el trabajo, con el amor, pero sobre todo con la fe. Su Santidad, con todo lo que implica y representa para la Iglesia Católica y para el mundo, ya que su influencia no sólo toca a los católicos, es un hombre que vive y experimenta la fe como criterio de existencia, es un ser humano que transmite a su prójimo un fuerte deseo de espiritualidad y recogimiento, su persona conmueve y acerca a la reflexión. La fe, contrario a la señales del mundo moderno, no es un especie de conocimiento mágico o un oscurecimiento de la inteligencia humana: esto es claro en la persona del Papa, en rigor es un pensador, un intelectual que parte de la lógica pero que no resume a ella su vida: ¡reconoce, sin demeritar la razón y la reflexión humana, que hay realidades que nos rebasan, que nos superan infinitamente y que, he aquí la maravilla profunda, se nos revelan, se nos manifiestan por amor! Los procesos de apertura y democracia en Europa del Este encuentran en este hombre una justificación y un método. En el gran acontecimiento del Concilio Vaticano II, celebrado en los años sesenta del siglo pasado, nuestro personaje se erige como uno de los grandes promotores de la libertad religiosa, y participa activamente el en “aggiornamiento”, es decir en la de la doctrina católica en su diálogo con el mundo moderno. Es en este lapso en el cual, como filósofo, escribe su llamada obra mayor “Persona y Acción”, donde parte del reconocimiento experiencial de la persona humana y de la importancia de los vínculos que se trazan entre la acción y ser del hombre: ¡el árbol se conoce por sus frutos!. En sintonía con la pugna por la libertad religiosa que se libraba en la Polonia durante la dominación comunista, la propuesta de Wojtyla en la relación social con un esquema de interrelación, que pone el acento en la concepción del otro como prójimo, se revela como una aportación fundamental al combate del totalitarismo y de sus múltiples formas de concreción que significan siempre un peligro latente para la humanidad. Con una gran presencia en todo el orbe y en los medios de comunicación y mediante sus encíclicas, cartas, exhortaciones, alocuciones y discursos el Magisterio Pontificio se ha visto fortalecido. Definitivamente pasarán muchos años para poder cosechar todos los frutos que este hombre, mediante su figura y pontíficado, ha sembrado en el siglo XX, y que aún ilumina el amanecer de ese siglo en el que nos encontramos. Quisiera, por último, destacar el ineludible compromiso que este hombre ha manifestado con la institución familiar. Juan Pablo II es sin duda el principal defensor con el que contamos hoy en día los seres humanos de los valores fundamentales que se encierran en los conceptos de vida y familia. El interés y postura de la Iglesia Católica por estos temas es aún controvertida y polémica entre la sociedad renuente a observar la dimensión religiosa del hombre, pero no puede ser acusada de incongruente. La defensa de la vida y la familia en el Magisterio del Papa Polaco es una muestra de la fidelidad a la convicción y a la propia creencia, además de una exigencia personal para aquellos que coinciden con las verdades que la Revelación del Evangelio aporta al creyente. El hombre detrás de la figura es una persona que enfrenta las dificultades de la vida cotidiana y que, mediante el reconocimiento de su realidad, es capaz de hacer frente a las exigencias de la existencia haciendo patente la posibilidad de no renunciar a aquellas convicciones que le proporcionan identidad y le brindan un lugar en el mundo. El hombre detrás de la figura es una invitación a que seamos la figura de nuestra propia vida.
20/01/2005
Resención sobre "El Resentimiento en la Moral"
MAX SCHELER
21/10/2004
TRABAJO Y FAMILIA: VÍNCULO EXISTENCIAL FOROMÁS “PERSONA Y ACCIÓN 2004” GUADALAJARA, JALISCO 4,5 Y 6 DE NOVIEMBRE 2004
Por Héctor Sampieri Rubach*
“Escucha bien, escucha los golpes del martillo, la sacudida, el ritmo. El ruido te permite sentir dentro la fuerza, la intensidad del golpe. Escucha bien, escucha, eléctrica corriente de río penetrante que corta hasta las piedras, y entenderás conmigo que toda la grandeza del trabajo bien hecho es grandeza del hombre…”
La cantera: I. Materia,1. Karol Wojtyla
Introducción
Sin lugar a dudas el pasado siglo XX es una de las expresiones más concretas, a lo largo de la historia humana, de las infinitas posibilidades de desarrollo y avance para las condiciones de vida de los hombres. En el siglo que terminó, y en el que ahora nos encontramos, es posible notar la huella indeleble de la ciencia y de la tecnología que perfilan y agudizan de manera irrevocable la existencia humana. Nunca antes sabíamos tanto del mundo que nos rodea, nunca como ahora se encuentran tantas opciones con las cuales construir el futuro al asegurar el presente. Sin embargo, es claro notar el grave contraste de luces y sombras. El habitante del mundo conoce su medio, sabe muy bien cómo transformarlo y modificarlo a su beneficio, pero parece haberse olvidado de su identidad y finalidad.
Parece que al hombre no le interesa conocerse y reflexionar sobre sí mismo. ¡Hay poco tiempo para hacerlo!; la existencia pareciera trazarse en un juego de leyes de producción y consumo que ponen entre paréntesis la realidad y profundidad del sentido último de la vida humana. Hemos construido la ciencia económica para asegurar nuestro bienestar, pero parece que en algún punto del camino nos hemos desvirtuado, hemos querido “vivir mejor” y “aprovechar mejor los recursos” aún a costa de renunciar a ser fines de nosotros mismos para convertirnos en medios de realidades numéricas, monetarias y estadísticas que por sí mismas no pueden siquiera acercase al alto valor de la vida de cada uno de nosotros.
La familia, síntesis y proyección de la humanidad, no es una comunidad ajena a esta situación, tal vez más que nadie resiente esta inversión en la jerarquía de valores; en su interior muchas son las problemáticas que tienen relación causal con las diversas y distintas variables del mundo laboral: desde el salario bajo, que se refleja en la insatisfacción de necesidades básicas como la alimentación; la no ocupación y desempleo, que se traducen en frustración y angustia; el rol que juega el proveedor o proveedores económicos, y con ello la presencia o ausencia de los padres en casa y sus consecuencias para la educación; las prestaciones de salud y seguridad social, facilitadoras u obstaculizadoras de la vida de sus miembros.
A través de este escrito quisiera destacar el sentido del trabajo humano, analizando también, y de modo breve, la esencia del vínculo entre el trabajo y la familia como un nexo existencial, y por último hacer frente a algunas problemáticas del equilibrio entre la actividad laboral y familiar(1).
El sentido del trabajo
Definitivamente las enormes desigualdades laborales de finales del siglo XIX, que no desaparecieron sino que se acentuaron sutilmente a lo largo del siglo XX, hicieron que la concepción del trabajo se modificara de una idea de producción artesanal a un sinónimo de esclavitud; desde muchos ángulos la actividad laboral se comprendió como un medio de opresión y de alienación del hombre por el hombre(2).
La Iglesia Católica inicia, también por aquellos años, su reflexión sobre la cuestión social de la vida moderna; mediante la pluma de León XIII se traza la , y por medio de este escrito se denuncia la separación entre moral y economía, y se tiene por inaceptable la acumulación de riqueza en unos pocos y de pobreza creciente en las mayorías; se denuncian y descalifican los salarios insuficientes, la inhumanidad de jornadas laborales que rayaban en la mortalidad de infantes y mujeres; así como la desocupación, y la desintegración familiar(3).
La propuesta es en sí sencilla, revertir a su justo origen la finalidad del trabajo y la dignidad de la persona humana recordando que el resultado de la producción, y la actividad laboral en sí misma, no es una simple mercancía sino que es expresión de la persona humana que le ha creado, ¡es una concreción de su dignidad!.
Años más tarde, la Constitución Apostólica , piedra angular del Concilio Vaticano II, ha puesto la problemática del trabajo nuevamente en el crisol del laboratorio del pensamiento humano. Se afirma en ella que la finalidad del trabajo, entendido como acción del ser humano y expresión de su dignidad, no es otra que colaborar en afianzar la humanidad de la vida del hombre.
A la luz de estos antecedes, que no agotan la problemática laboral actual pero que nos dan pautas para su solución, es posible preguntarnos sobre el sentido del trabajo humano que debe relacionarse profundamente con la realidad que nos rodea.
Es necesario reconocer en primer lugar, que el trabajo, como acción transitiva, posee una naturaleza que, originada en el sujeto que la realiza, se encuentra dirigida a un objeto externo que está sometido su dominio; ¡mediante el trabajo se verifica la transformación del mundo, y la disposición del orden y aprovechamiento de las cosas!, es este el sentido objetivo del trabajo(4).
Ahora bien, la actividad por la que se transforma la realidad material e intelectual que el hombre tiene delante, es realizada por un ; cada ser humano es capaz, en virtud de su persona, de decidir sobre su propio quehacer y sobre su propia existencia orientada como fin último a su realización. El primer fundamento del valor de la acción laboral es aquél que la realiza(5), es decir, el hombre.
El sentido subjetivo del trabajo descrito entonces pertenece al orden de la acción que el hombre realiza y que debe contribuir a su perfeccionamiento: “La actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Pues éste con su acción no sólo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a sí mismo…El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene”(6), El trabajo posee entonces un valor ético en cuanto se encuentra subordinado al ser humano: ¡el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo! como ha mencionado S.S. Juan Pablo II en distintos ámbitos.
Es necesario agregar a estas reflexiones una observación más, y es que a través de la acción laboral, cada hombre se encuentra en posibilidades de participar de modo diacrónico (con generaciones pasadas) y de modo sincrónico (con generaciones presentes y futuras) dejando constancia de su paso en el tiempo y en la historia humana. El trabajo es nexo que se participa y realiza hacia el futuro sin olvidar el pasado; por ejemplo, no es posible entender el orden computacional actual sin los grandes descubrimientos matemáticos de siglos pasados, así como no será posible comprender los avances de siglos posteriores sin las innovaciones hoy en día realizadas.
En sentido más propio de la familia(7), mi trabajo actual se entiende, en gran parte, gracias al esfuerzo que hicieron mis antecesores para brindarme una educación (no sólo en su sentido informativo, sino sobre todo en cuanto formación), y con el tiempo, mi trabajo repercutirá en aquellos que me seguirán en la línea del tiempo en la medida en que gracias a mi actividad pueda asegurarse su desarrollo y ellos sean capaces de construir su destino.
Por tanto, todo trabajo que se orienta verdaderamente a una transformación que repercute en la interioridad humana al colaborar con la realización personal y comunitaria, es una actividad noble y digna que permite al hombre encauzar la existencia a su fin último. ¡Debemos dimensionar al trabajo como un medio al servicio del hombre!(8).
El trabajo y la familia
El trabajo permite al hombre efectuar su quehacer existencial, su propia construcción y contribuir en modo singular a la de aquellos que le rodean. Dentro de la vida de la persona, y su actividad laboral, el otro ser humano adquiere un papel de definitiva relevancia en la existencia individual. Somos seres eminentemente sociales y nadie puede, por sí mismo, sobrevivir. Compartimos un destino común y nos involucramos no sólo en la actividad sino en la humanidad de aquél que se nos revela como "otro yo" (9).
El vínculo trabajo-familia pone de relieve este proceso de construcción de humanidad en la reciprocidad propia de la participación de las personas en la común-unión. De entre todas las comunidades en las que el hombre está inmerso, mediante el compromiso de su participación, la familia es la más relevante en cuanto a la propia construcción a través de los actos realizados. Sabemos que la familia no determina al hombre, pero le brinda la más grata experiencia, de seguridad y pertenencia, o por el contrario puede privarle de ella obstaculizando su desarrollo. La familia, sin embargo, es la más radical influencia en la construcción de la identidad humana: es el lugar en el mundo.
El nexo de existencia trabajo-familia adquiere dos niveles de importancia que se desarrollan a la luz de la siguiente reflexión:“ …la familia es, al mismo tiempo una comunidad hecha posible gracias al trabajo y la primera escuela interior de trabajo para cada hombre”(10).
Mediante la primera expresión descubrimos que la familia, en la mayoría de los casos, es suficiente motivación para la actividad laboral: ¡se trabaja por aquellos a quien se ama y por los que se ha aceptado, libremente, el compromiso de la responsabilidad en el matrimonio, en la maternidad y en la paternidad!. Esta afirmación no excluye el trabajo individual que la persona soltera o sin familia realiza por sí misma, la motivación del trabajo se impulsa ciertamente en un primer momento a partir del instinto de auto-conservación en una posición dirigida a uno mismo y que no es de suyo ilegítima ya que mediante la actividad laboral sostengo mi existencia; por medio de este primer nivel, se afirma que la lucha por mantener la existencia es transformada del modo más profundo cuando se convierte en compromiso por el otro, por aquél que tengo delante y a quien amo(11).
Bajo el segundo enunciado, designamos la constitución comunitaria de la familia en la cual se implica la preocupación y ocupación directa por el bienestar físico, emocional, moral y espiritual de los miembros que componen la institución familiar, y también la creación de un ambiente material adecuado para el desenvolvimiento de las relaciones humanas, fincadas en la justicia, que se afianzan mediante los lazos del amor paternal, maternal, filial, fraternal, etc. El primer nivel del binomio trabajo-familia debe procurar los medios para que el segundo pueda traducirse en la creación del tejido social propio y característico de la comunidad familiar(12).
Conforme a esta descripción de los niveles del vínculo existencial trabajo-familia podemos enmarcar las problemáticas y posibles vías de solución del desequilibro en la vida familiar y laboral:
1. Existe hoy en día una equivocada postura por la cual el primer nivel es terreno exclusivo de los varones, y se considera al segundo competencia exclusiva de la mujer(13). A ello se suma que, debido a los profundos cambios sociales y económicos del siglo XX, gran parte de los hogares familiares no pueden sostenerse con una aportación única(14). La corresponsabilidad en la vida familiar y laboral supone una respuesta a estas cuestiones asegurando la igualdad de derechos y obligaciones entre varón y mujer. Se hace necesario iniciar un cambio cultural, mediante la educación desde la más temprana edad, que encause las responsabilidades propias del hogar como actividades compartidas, anulando así la tendencia que considera al padre como único proveedor y a la madre como única cuidadora-educadora; dicho proceso formativo deberá favorecer ese trabajo familiar que se desarrolla mediante la práctica de habilidades cognitivas y afectivas para la vida en familia, como por ejemplo la comunicación, el liderazgo, la organización, la administración, el manejo de la afectividad, el autodominio, la toma de decisiones, la empatía, entre otras de gran relevancia.
La creciente participación de la mujer en el mercado laboral(15)debe propiciarse en un clima que no le impida realizarse en la donación de sí a aquellos a quienes ama; y de igual modo, es preciso afianzar el papel de la participación del varón en la familia, otorgándole reconocimiento al relevante papel de cónyuge y padre, como educador natural de sus hijos. A este respecto destacan por su importancia las políticas laborales emprendidas en el extranjero para fortalecer a la familia que, en general, procuran incentivar la participación masculina en el hogar y la participación femenina en el mundo laboral sin perjuicio de sus derechos elementales y sus obligaciones privadas y públicas(16).
2. Aunado a lo anterior, es posible mencionar la mala prensa del trabajo que se desempeña hacia dentro de la vida familiar. En apariencia, es una actividad que no produce divisas y que por tanto puede ser, y de hecho lo es, desestimada y devaluada por el orden socioeconómico de la vida. El primer nivel cobra mayor importancia que el segundo, aún cuando el segundo es el que efectivamente posee la capacidad de transformar la vida de las personas y las familias, constituyéndose como punto focal de impulso para verdadero desarrollo humano.
Retomando las teorías sociológicas que se conforman alrededor del planteamiento del capital social(17), entendemos que la riqueza más grande de un país se construye a partir del reconocimiento y de la promoción de la relación entre las personas que lo configuran, y dichas relaciones interpersonales se encuentran iniciadas y potencializadas desde el nexo "yo-tu" al vínculo comunitario y social del "nosotros" . La familia se convierte entonces, al cumplir con las funciones que la sociedad espera de ella(18), en el detonante de la calidad en las relaciones humanas, y lo hace al ubicarlas en un clima de reconocimiento y afirmación de la persona, en una búsqueda constante de su promoción y realización.
Por medio del impulso del trabajo de la familia por la familia, en redes o en asociaciones, podemos dar resonancia a las tareas que se verifican al interior de la comunidad familiar. Dichas organizaciones pueden ampliar su radio de impacto al proponerse como medios para el incremento de las condiciones de desarrollo (entendiendo por estas la educación, la salud, la economía, la vivienda y la alimentación). De igual modo, debe señalarse como una clave de suma relevancia el combate de las vulnerabilidades que se verifican al interior de la familia y que constituyen un auténtico riesgo para la formación de capital social; se hace referencia a la violencia, el abuso de cualquier tipo, la adicción a sustancias y el surgimiento de trastornos de salud mental en los integrantes, entre otras duras realidades, que atentan contra la vida familiar y afectan el ámbito laboral.
Corolario
El vínculo existencial del trabajo y la familia alcanza de modo indeleble a toda esfera humana, y por tanto la labor de todos los involucrados en su mejora es garantizar justicia social dando a cada quien lo que le corresponde.
El Estado debe apoyar a la familia no mediante acciones paternalistas o populistas sino a través de verdaderas gestiones que aseguren fuentes de empleo estables y salarios justos, reconociendo la dimensión familiar de la persona desechando alternativas individualistas que en lugar de propiciar la comunidad disgregan a sus miembros. Esta responsabilidad implica el eficiente diseño y ejecución de propuestas transversales que aseguren un beneficio real ordenado al bien común para las personas, las familias y las comunidades.
La sociedad debe potenciar los vínculos que edifican capital social; los medios de comunicación deben procurar un clima favorable a una cultura de familia; las asociaciones intermedias deben garantizar el respeto y el fomento al quehacer familiar. Las familias no son parte ajena en esta lucha, ya que de ellas depende el mejoramiento de las condiciones de vida hacia dentro de sí mismas al tomar conciencia de su papel como generadoras de riqueza humana. ¡Si depende también de las familias, depende de nosotros, todos aquellos que encontramos en la familia, mediante el trabajo, un lugar en el mundo!.
---------------- NOTAS:
1. Agradezco para estas reflexiones la enorme deuda que mi pensamiento tiene respecto a Karol Wojtyla (hoy S.S. Juan Pablo II), al Dr. Rocco Buttiglione, al profesor Jospeh Gevaert, y al tesoro inigualable de la Doctrina Social Cristiana a quienes me atrevo retomar en este escrito. De igual modo considero pertinente agradecer a mi familia, yen especial a mis padres, ya que por su ejemplo he aprendido que el trabajo es un medio para la realización de la comunidad familiar.
2. El pensamiento marxista hace clara referencia a esta dura realidad, y aunque no se concuerde con este pensamiento, no es problemático comprender que es una denuncia contra la opresión humana, originada por el trabajo injusto producto del capitalismo salvaje.
3. Cf., S.S. LEÓN XIII., Rerum Novarum., 1891.
4. Cf., S.S JUAN PABLO II., Laborem Exercens., No. 5.
5. Íbidem., No. 6.
6.Conc. Ecum. Vat II., Const. Past. Sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, No. 35., En Documentos Vaticano II., Ed. Nueva SECAM., Pág. 165.
7.Desde el punto de vista de la historicidad trabajo y familia son muy semejantes, ambas realidades se constituyen como vehículos del tiempo en la historia de la humanidad; en estas dos modalidades, más que en otras se conforma la cultura y la identidad de las comunidades humanas; pensemos por ejemplo en la figura del clan, organizado familiarmente, dedicado a la recolección o a la caza en tiempos inmemoriales, o en los negocios familiares que subsisten hasta la fecha.
8.Esta idea del trabajo como medio se complementa mediante la siguiente afirmación:“El hombre no existe para trabajar, sino que trabaja y debe trabajar para existir como ser humano en la dignidad y nobleza de su existencia. El trabajo no es una dimensión que haya que superar y abreviar todo lo más posible. Pero tampoco debe ocupar todas las expresiones humanas y todo el espacio del tiempo. Es y debe seguir siendo un camino esencial e insuperable para el ejercicio pleno de la humanidad del hombre” . GEVAERT, Joseph., El problema del Hombre., Sígueme., Salamanca España, 1998 p. 247.
9. Wojtyla refiere claramente que la verdadera alineación consiste en la negación de la posibilidad de participar en la vida de los otros, no es trabajo el que nos aliena sino la imposibilidad de apertura intimidad para con el otro. Cf., WOJTYLA, Karol., Persona y Acto., BAC., Madrid, 1982. Sobre todo se recomienda revisar la cuarta parte dedicada al tema de la Participación.Pág. 305-350; también a este respecto “La alienación no es, en efecto, sino lo contrario de la participación, la debilitación o incluso la anulación de la posibilidad de experimentar otro ser humano como otro yo…caracteriza una situación o condición de un ser humano que no le permite experimentar otro ser humano como otro yo.WOJTYLA, Karol., El hombre y su destino., Ed. Palabra., Madrid, España., Pág. 125.
10.S.S. JUAN PABLO II., Op.Cit., No. 10
11.Cf., BUTTIGLIONE, Rocco., La persona y la Familia., Pág. 175.
12.Cf., ÍDEM.
13.Los datos que nos aporta la estadística nos ayudan a corroborar, hoy en día que en nuestro país los varones destinan casi el triple del tiempo que las mujeres al trabajo remunerado en el mercado laboral; y las mujeres dedican cinco veces más tiempo que los varones al trabajo doméstico. Fuente: INEGI, Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2002, 2004. Citado en Indicadores Fundación Este País ., Este País. Tendencias y Opiniones., No. 160., julio 2004., Pág. 59-64.
14.A nivel nacional poco más de la mitad de los hogares (el 51.5%) cuentan con al menos una mujer que recibe algún ingreso.. La participación económica nacional se sitúa en el 78% para los varones y 36.4% para las mujeres. INEGI., Mujeres y Hombres 2002., Pág. 318 y 275 respectivamente.
15.Baste enunciar el dato del incremento femenino en el mercado laboral: para 1950 eran 1, 137, 646 mujeres económicamente activas, y en 2000 este número alcanza la cifra de 10, 750, 400 mujeres económicamente activas. INEGI, Población Económicamente Activa según sexo 1950-2000. Fecha de Consulta: 7 de Octubre 2004. http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/tematicos/mediano/anu.asp?t=mtra06&c=3655.
16.Como ejemplo de estas realidades es posible mencionar lo efectuado en Suecia y en Dinamarca, donde el servicio de guarderías eficientes permite a las madres reincorporarse plenamente al sector laboral después del nacimiento de sus hijos, así como la presencia de los permisos parentales a padres para que participen hacia dentro de la familia; Suecia otorga un permiso a padres en conjunto de 450 días por hijo, los cuales se manejan de modo flexible y desde 60 días antes del nacimiento del hijo y hasta que éste cumple los ocho años de edad. Cf., OECD Social, employment and migration working papers No. 1., Career Interrumptions due to Parental Leave, a comparative study of Denmark and Sweden. DELSA/ELSA/WD/SEM (2003)1., 13 de Marzo de 2003.
17.La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define al capital social como el conjunto de vínculos sociales que cuentan con normas comunes, valores y mecanismos para alcanzar acuerdos que facilitan la cooperación al interior de los grupos y entre ellos; definido así, este tipo de capital contribuye en gran manera a la creación de condiciones favorables para el crecimiento económico, el mejor desempeño educativo o la reducción del crimen. A estos aportes es posible agregar el fortalecimiento de la comunidad y las redes sociales y el afianzamiento de la cultura y tradición que brindan identidad y pertenencia al ciudadano respecto de su nación. Cf., Este País. Tendencias y Opiniones., No. 160., julio 2004., Pág. 59-64.
18.Las funciones de la familia, que indican con base a su cumplimiento el nivel de salud que posee, son: equidad generacional, transmisión cultural, socialización y control social. Cf. PÉREZ ADÁN, José y ROS CODOÑER, Javier., Sociología de la Familia y la Sexualidad., EDICEP., España., 2003., Pág. 123-125.
08/09/2004
APROXIMACIONES A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
Héctor Sampieri Rubach
CONGRESO JUVENIL LOS JÓVENES Y LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN, UN RETO PARA EL DESARROLLO HUMANO
A FAVOR DE LO MEJOR SISTEMA ESTATAL DIF MORELOS H. AYUNTAMIENTO CUERNAVACA, MORELOS
1 SEPTIEMBRE 2004
INTRODUCCIÓN
El pasado siglo XX ha sido, quizá, la expresión más concreta de los avances y retrocesos de la historia humana. Nunca antes el ser humano había desplegado tan profunda capacidad intelectual, científica y técnica para describir, comprender, e incluso modificar, el mundo que le rodea. Los grandes avances conseguidos abren, sin duda alguna, una cantidad impresionante de perspectivas y escenarios que nos podrían garantizar un progreso, aparentemente, sin límites.
Sin embargo, muchos han sido los pensadores, artistas, políticos, activistas, líderes religiosos, y personas de a pie, que han manifestado preocupación frente a esta luz deslumbrante que parece arrojar una sombra evidente: nunca antes se sabía tanto del mundo y tan poco de los hombres y del enorme valor que cada uno de ellos representa para la historia de la humanidad.
A través de los siglos el hombre ha pretendido conocer y comprender su sitio en el mundo, y ha intentado, mediante muchas formas y teorías, develar el sentido de su propia existencia. Todos, en algún momento de nuestro camino por la tierra solemos preguntarnos por el origen de nuestro ser, por nuestra identidad, por nuestra vida y por nuestra muerte: ¡reflexionamos siempre por realidades que parecen rebasarnos y ante las que nos sentimos infinitamente pequeños y desprotegidos!.
Hoy en día, a la par de que no existe un conocimiento del sentido último de la vida humana, nos encontramos frente a una pérdida del valor que cada uno de nosotros representa. El tema de la dignidad entonces es de vital importancia y me parece muy acertado que hoy nos reunamos a reflexionar sobre él, por ello me permitiré explicar en esta exposición, cuatro ideas fundamentales: la concepción de persona humana como sujeto concreto de experiencia, la noción de dignidad en términos muy generales, la clasificación de los tipos de dignidad y por último, la necesidad de la afirmación de la persona en nuestro tiempo.
1. LA PERSONA HUMANA
Reducir la persona humana a una definición es sin duda un ejercicio complicado y bastante difícil.
Probablemente a ninguno de los aquí presentes nos agrade que nos definan fríamente y en modo abstracto, la mayoría de nosotros quisiera ser conocido y valorado por lo que constituye nuestra identidad más profunda: todo aquél mundo de pensamientos, deseos, afectos, libertades, valores y virtudes que se conjugan en nuestro modo de ser, en nuestro yo que es similar pero distinto de todos los que nos rodean.
El primer dato entonces que podemos apuntar sobre la persona humana es que constituye una realidad que rebasa el órden lógico de las palabras, es por mucho una realidad de experiencia y de existencia.
Sin embargo, es preciso mencionar que diversos pensadores nos han aportado, a lo largo de la historia, distintas concepciones del hombre de acuerdo a sus características, por ejemplo Aristóteles en la antigüa Grecia explicaba que el ser humano es un animal que se diferencia de todos los animales en virtud de la posesión de la razón; Boecio, filósofo latino, puso el acento en la sustancia individual de naturaleza racional, es decir, la diferenciación de cada ser humano mediante el conocimiento de la vida racional que cada uno ejerce por sí mismo.
¿Estos elementos nos bastan para denotar la realidad de la persona humana?, definitivamente nos aportan datos ciertos, pero éstos quedan limitados. A este respecto es necesario señalar que:
...Se nos presenta el hombre no solamente como ser definido por un género, sino como un yo concreto, como sujeto que tiene la experiencia de sí. El ser subjetivo y la existencia que le es propia se nos manifiesta en la experiencia precisamente como este sujeto que tiene experiencia de sí. Si lo tenemos en cuenta como tal, lo subjetivo nos revelará la estructura que lo constituye como un yo concreto...(WOJTYLA., Karol., La subjetividad y lo irreductible en el hombre., en El Hombre y su Destino., p.33).
Cada uno de nosotros es una persona, individuo de la especie humana, que presenta características particulares y curiosamente similares. Más que hablar de una definición única de lo que las personas somos habría que pensar en las propiedades que tenemos en virtud del ser personal; así pues, nos manifestamos en la experiencia como seres corpóreo-espirituales, con facultades como la inteligencia y la voluntad, con capacidades como la libertad y la afectividad, nos presentamos ante el mundo como únicos e irrepetibles, con una intimidad que nos permite relacionarnos con los demás y con un valor enorme que se resume en que somos DIGNOS.
2. HACIA UNA DEFINICIÓN DE DIGNIDAD
Hablar de persona humana es entonces una manera de hablar de dignidad. Sólo las personas, a diferencia de las cosas y de los animales, poseemos un valor propio, altísimo, que no resulta de utilidad o de eficiencia sino del propio acto de ser. Por ser quienes somos poseemos un valor inegociable, indubitable, inalienable.
La persona entonces es merecedora del más absoluto respeto y no puede ser jamás empleada, a manera de cosa u objeto material, por parte de sus semejantes. Wojtyla, bajo el concepto de norma personalista de la acción, apunta al respecto:
...siempre que una persona sea el objeto de tu actividad, recuerda que tu no puedes tratar a esa persona sólo como el medio para un fin, como un instrumento, sino que es necesario que tomes en cuenta el hecho de que él o ella tienen también, o al menos deberían tener, fines personales distintos...(Citado en: GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Afirmar a la persona por sí misma. La dignidad como fundamento de los derechos de la persona., p. 144).
¡ LOS SERES HUMANOS SOMOS FINES Y NO MEDIOS!
La dignidad del hombre entonces no es sólo un discurso o una idea romántica, sino que se manifiesta fundamentalmente como un deber, como el deber de relacionarnos con nosotros mismos y con los otros en un clima de respeto y promoción de lo que cada uno significa en la existencia.
3. TIPOS DE DIGNIDAD
Como se ha apuntado anteriormente de diversos modos, no hay persona que no sea poseedora de una dignidad inalienable. Sin embargo, es necesario hacer una importante distinción, mediante un notable matiz: la diferencia entre la dignidad que por naturaleza gozamos, y la dignidad que construimos mediante nuestros actos.
La dignidad que se tiene en virtud de ser persona es posible denominarla como ontológica, y con ello designamos que es compartida por todo el género humano independientemente de la raza, el sexo, la religión, la creencia política, la salud, la enfermedad, la condición económica, etc.
Por otro lado, mediante la realización de actos buenos es posible que el hombre aumente su congruencia moral. En la medida en que pongo mi ser al servicio de mi sano desarrollo y a la convivencia social mediante la práctica de virtudes construyo mi personalidad en torno a la dignidad que me produce el esfuerzo de ser mejor.
Como hombres el corrupto y el honesto poseen el mismo valor ontológico, pero en sentido moral no es injusto decir que uno es separado del otro por la rectitud de la conciencia y por la contribución que cada uno realiza a la vida social. Ambos son valiosos, pero uno de ellos posee una congruencia moral que le permite aparecer a los ojos de los otros como alguien que da sentido a la vida social.
Mediante la libertad, cada persona elige por sí misma, en qué medida desea incrementar su valor moral. Los seres humanos, mediante nuestros actos, somos co-creadores de nuestra vida y de nuestra existencia frente a los otros.
Ambas dimensiones del valor absoluto de cada persona, se ven reflejadas en la siguiente reflexión:
...Compete a la persona, en sí misma, alcanzar la propia realización. La persona nace con la plenitud de una naturaleza ya realizada en su constitución ontológica, pero no en su constitución psíquica y moral: ha de recorrer un camino que la lleve a la plena realización, en el ejercicio de la autoconciencia y la autodeterminación...Por eso la persona tiene el derecho de que se respeten todos los elementos constitutivos que le garantizan dicha realización...(LUCAS LUCAS, Ramón., El hombre espíritu encarnado., p. 273).
4. AFIRMACIÓN DE LA PERSONA POR SÍ MISMA
Reconocer y promover a la persona humana, afirmarla por sí misma porque vale por el hecho de ser, necesariamente nos introduce a una realidad común de nuestros días: los derechos humanos, o más atinadamente los derechos de las personas; aunque éstos no sean reconocidos o defendidos hacen referencia explícita al valor que cada persona ostenta.
Es posible afirmar entonces que ...el valor que posee la persona no depende, en modo alguno, de la eficiencia que exige el mercado, ni de la belleza física, ni de la congruencia moral, ni de la sumisión a un cierto poder: ¡la persona merece ser afirmada por sí misma!...La sabiduría que implica reconocer la dignidad del ser humano, sobre todo en los momentos en que lo humano se encuentra desdibujado, desfigurado y maltrecho parece algo escandaloso. En muchos lugares y ambientes, cuando el ser humano se encuentra en estado de máxima indefensión es el momento en que surgen los argumentos eficienticistas que encumbran y legitiman a unos seres humanos por encima de otros. Éste es el momento del eclipse del humanum. Sin embargo, la verdad sobre el hombre es muy otra...(Cf., GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Op.Cit., p. 126 y 127).
Es igualmente digno el enfermo terminal, el discapacitado, el adulto mayor, el niño abandonado en la calle, la prostituta, el no-nacido, el desamparado, el refugiado, el migrante, el preso, etc. Todos somos iguales en virtud de que somos hombres y nadie posee el derecho de considerarse mejor que otro. Las situaciones extremas de vulnerabilidad, entendidas como una acumulación de desventajas, aunque no lo parezcan nos hacen resaltar aún más la dignidad humana, y es una cerrazón no reconocer en el débil o en el desprotegido la misma condición que a nosotros nos da sustento: ¡somos personas!.
Hoy en día es necesario afirmar la importancia de la persona y de su valor, no por sus cualidades o propiedades, sino por el hecho de ser quien se es. Dicho planteamiento nos lleva a un compromiso profundo de cada uno de nosotros que se verifica en dos sentidos:
1. Aceptar el enorme valor que yo poseeo, y orientar dicha aceptación a un proceso de madurez (autoestima) que me permita ser mejor (autoperfeccionamiento) mediante la posibilidad de elegir entre las posibilidades de existencia de una vida buena (autodeterminación). En este sentido lo que ahora se menciona es un compromiso de vida muy profundo: ¡debemos cuidar de nuestra propia dignidad y defenderla de aquellos que buscaran reducirla!.
2. Aceptar el enorme valor de cada ser humano que me rodea, y trabajar por promoverlo más profundamente en mi comunidad. El respeto no es sólo una palabra que el discurso democrático secuestra al diccionario, sino que es la actitud que se me revela como deber ante la manifestación de la presencia del otro. Debo siempre reconocer que soy persona digna y reconocer que los otros también lo son independientemente de las condiones en que se desenvuelve su devenir.
5. A MODO DE CONCLUSIÓN:
CS Lewis, escritor inglés del siglo pasado, afirmaba rotundamente sobre la relación interpersonal:
...No hay gente vulgar. Nunca hemos hablado con un mero mortal. Mortales son las naciones, culturas, corrientes artísticas y civilizaciones. Su vida se parece a la nuestra como la de un mosquito. Los seres con quienes bromeamos, trabajamos, nos casamos, a quienes desairamos y explotamos son inmortales: horrores inmortales o esplendores incabables...(Citado en MELENDO, TOMÁS., Las dimensiones de la persona., p. 21).
A propósito de la dignidad este pensamiento reviste una importancia fundamental. La persona humana se encuentra abierta a la trascendencia de su ser y de sus actos, el respeto y protección de la dignidad de los otros nos acompañará siempre en el recuerdo mientras vivamos, así como el respeto y la promoción de nuestra propia dignidad.
Afirmábamos arriba que los seres humanos construimos nuestra personalidad mediante la libertad, pero definitivamente las relaciones interpersonales nos acompañan en todo momento; de nosotros depende que pueda darse la permanencia de un esplendor inacabable, cuando nos reconocemos a nosotros y a los otros seres humanos como dignos, o por el contrario al negarnos y con ello negarles el valor a los otros nos convertimos en un horror inmortal incapaz de ser plenamente humano.
La dignidad no es cuestión de ideologías o postulados teóricos, es una experiencia de vida que nos permite ser humanos en el sentido más pleno del término y nos asegura la convivencia de la humanidad mediante la promoción y el respeto de lo más valioso: LO QUE CADA UNO DE NOSOTROS ES. APUNTES SOBRE HUMANISMO POLITICO
Héctor Sampieri Rubach
Introducción
El pasado siglo XX ha sido, quizá, la expresión más concreta de aquella reflexión sobre las luces y sombras en la historia humana. Nunca antes el ser humano había desplegado una profunda capacidad intelectual, científica y técnica para describir, comprender, e incluso modificar, el mundo que le rodea. Los grandes avances conseguidos abren, sin duda alguna, una cantidad impresionante de perspectivas y escenarios que nos podrían garantizar un progreso, aparente, sin límites.
Sin embargo, muchos han sido los pensadores, artistas, políticos, activistas, líderes religiosos, y personas de a pie, que han manifestado preocupación frente a esta luz deslumbrante que parece arrojar una sombra evidente: nunca antes se sabía tanto del mundo y tan poco del hombre.
Es en este deseo, y necesidad, de saber ¿qué es el hombre?, que se construye la historia, y la historia personal de cada ser humano. Las preguntas fundamentales referentes a la existencia humana no pueden ser eludidas, aunque sean situadas en segundo término, tarde que temprano, la pregunta por uno mismo tiende a subir y descubrir entonces una verdad innegable: la indigencia humana, la levedad del ser.
Para la política, como actividad humana, la antropología no puede estar desvinculada del quehacer teórico y práctico. A lo largo de los siglos, la pregunta por el hombre se acompaña del cómo se organizan éstos para su subsistencia. El humanismo es un tema central en la actividad de la política, y la frase de Terencio adquiere un relieve particular: “Soy hombre, y nada humano me es ajeno”, dándonos inicio, entonces, para comenzar una reflexión sobre el hombre, sobre la proyección que de éste se hace, doctrinalmente, bajo el término humanismo.
Evidentemente, si queremos hacer humano el progreso que se nos revela es necesario, indispensable, ampliar y profundizar el conocimiento de aquél a quien auguramos un futuro mejor.
Bajo ese tenor este escrito pretende revisar brevemente una aproximación a su significado, realizando una ulterior revisión de los principales humanismos en la historia, y enfocándonos en el humanismo que garantiza, a nuestro modo de ver, y afirma la dignidad humana en toda su expresión.
1. ¿Qué es el Humanismo?
En general puede decirse que el humanismo es toda aquella doctrina que se interesa fundamentalmente por el sentido y el valor del hombre y de lo humano, tomándolo como punto de partida de sus planteamientos.
(Cf. Diccionario de Filosofía Herder, Versión Electrónica.)
Esta primera aproximación, aunque nos da pie para el inicio de nuestra reflexión, se nos presenta vaga y muy ambigua, sería necesario para obtener una idea clara definir lo que se entiende por hombre y sobre el sentido y valor de éste.
Es fácil notar entonces que no existe una sola definición de lo que el humanismo significa, sino que implica una concepción de lo que el hombre es, y que dicho concepto se sitúa al centro de todo el desarrollo intelectual que se haga sobre el asunto. Así pues, es necesario, presentar, de modo puntual y esquemático, algunos de los principales humanismos que han existido en la historia, para poder tomar alguna postura que clarifique la necesidad de un humanismo que sustente la actividad política en nuestra época.
2. Recorrido por los principales postulados de distintos humanismos (Cf., Idem)
a) El humanismo clásico griego
Los diversos pensadores de la época coincidían en que la felicidad, fin último del ser humano, sólo podía ser alcanzada a través de la virtud, considerándola parte fundamental de la naturaleza humana, que permite la perfección a lo largo de la vida. La diferencia sobre qué es felicidad y cuál es la virtud constituye el trasfondo de la discusión intelectual sobre el hombre.
Dentro de la filosofía griega se destacan como pensadores de suma importancia Sócrates, Platón y Aristóteles. Para efectos presentamos algunas ideas sobre la noción del hombre.
Para Sócrates el contenido de la felicidad es vivir una vida buena alcanzada mediante la sabiduría, de fondo considera que el hombre es bueno por naturaleza y actúa mal por ignorancia.
Aristóteles comenta que la virtud es el justo medio entre dos extremos viciosos, de esta manera el hombre debe encauzar sus esfuerzos por convertirse en un ser virtuoso, empleando la disposición natural que el hombre posee a la virtud y la conformación de hábitos que refuercen su vida buena. Sin embargo, se encuentra limitado por su tiempo, ya que el hombre sólo es el ciudadano (categoría de la que excluye a esclavos, bárbaros, mujeres, y los trabajadores). La educación del hombre posee una importancia destacable, es un medio para la perfección del alma ya que el más alto ideal educativo es el hombre bueno.
b) El humanismo cristiano de la edad media
Caído el imperio romano, que en muchos sentidos, podemos entender como una manutención de las formas griegas en cuanto a los ideales del hombre y del Estado, el Cristianismo avanza con pasos firmes hacia la consolidación de una concepción del ser humano que arroja sus resultados hasta el día de hoy. Aparece en este tiempo, la noción de persona y grandes intelectuales, como Boecio, se esfuerzan en definir el ser del hombre en base a su naturaleza.
El hombre es entendido como un ser referencial, en referencia a sí mismo, a los demás y a su entorno, y al Dios, personal, que le ha creado por amor. El hombre es un ser ligado íntimamente a un orden sobrenatural que él no ha instaurado. Es un ser que deviene en y por relación. A este respecto San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Gregorio Nizeno, juegan un papel de gran importancia para el humanismo que se ha llamado cristiano y que hoy en día, continua vigente.
Santo Tomás de Aquino, ya en el ocaso de la edad media, confirma las tendencias establecidas por sus predecesores, evidenciando la radicalidad de la persona humana en el orden creado. La persona es lo más perfecto en toda la naturaleza, afirmación que se entrelaza definitivamente con la dignidad que el hombre, en virtud de su ser persona, posee. La comprensión intelectual de la que el hombre es capaz supone una asimilación de la propia naturaleza humana (tema recurrente en los griegos), y faculta al hombre para reflexionar sobre sí mismo y sobre su entorno de una manera privilegiada.
c) El humanismo renacentista
Se caracteriza por un rompimiento con la tradición de pensamiento anterior. Ya no se continúa considerando que la realidad se interpreta a través del Dios Creador, ahora el centro de la reflexión es el hombre. Iniciamos aquí un humanismo fundamentalmente antropocéntrico.
Se caracteriza no sólo por el cultivo de los estudios humanos (gramática, dialéctica, retórica, historia, poética ciencias morales, etc.) basados en el aprecio de la filología y de los textos clásicos, en latín y griego, sino también, en una renovada concepción del hombre, más acorde con los nuevos ideales cívico-humanos de la aristocracia comercial en cuyo ambiente nace, alejado de la escolástica y del modelo medieval del hombre. Destacan Petrarca, Salutati, Bruni, Nicolás de Cusa, Erasmo de Rótterdam, Luis Vives, etc.
d) Nuevo Humanismo
Proceso histórico, relacionado con el neoclasicismo romántico alemán de los siglos XVIII y XIX, posterior a la Ilustración, pretendiendo ser una respuesta que revalore el papel del ser humano frente a la razón. Se buscan recuperar los conceptos de hombre como fuente de sabiduría, como ser no sólo con razón, sino con la capacidad de juzgar íntimamente relacionada con el sentido común. Se valora el gusto y se le relaciona más con el sentido moral que el estético. Se acuñan entonces las llamadas ciencias del espíritu del siglo XIX.
e) El humanismo contemporáneo
Se desarrolla ahora como un esquema fundamental la filosofía del hombre, cuyo objetivo principal radica en destacar el valor y la dignidad del ser humano como individuo, o persona, que construye por sí mismo su propio sentido.
i) Marxismo
Considera que el hombre, ligado en forma inicial a la naturaleza, se desvincula de ella transformándola y transformándose con el trabajo y es, por ello, creador de su propia naturaleza que, en la etapa capitalista, resulta alineada y alineante por el modo de producción; dicho proceso, falsea el sentido propio del hombre y de las relaciones con los demás.
La labor que anula la alineación debe ser encontrar, mediante la praxis revolucionaria, nuevas relaciones sociales de producción, que no supongan ninguna explotación del hombre por el hombre; el resultado logrado a nivel social es el nuevo hombre total. La afirmación de Marx que sintetiza esta idea va referida a que el hombre llegue a ser para el hombre el ser supremo. ii) Existencialismo
Movimiento filosófico de suma importancia, es menester presentar dos caras de la misma moneda: el existencialismo ateo representado por Sartre, y el existencialismo cristiano representado por Marcel. a) Existencialismo Ateo
Para Jean Paul Sartre, el existencialismo es un humanismo en cuanto hace posible la vida humana a través de la fundamentación que hace de ésta en la subjetividad del hombre. Para él, el hombre es un ser arrojado al mundo, y sólo puede subsisitir por su libertad; el hombre es lo que él decide ser libremente, no habiendo esencia alguna humana que deba asimilarse:
…El hombre no está encerrado en sí mismo sino presente siempre en un universo humano, es lo que llamamos humanismo existencialista. Humanismo por que recordamos al hombre que no hay otro legislador que él mismo, y que es en el desamparo donde decidirá de sí mismo; y porque mostramos que no es volviendo a sí mismo, sino siempre buscando fuera de sí un fin que es tal o cual liberación, tal o cual realización particular, como el hombre se realizará precisamente en cuanto a humano…(SARTRE, Jean Paul., El exisistencialismo es un humanismo. Conferencia pronunciada en el Club Maintenant. Varias editoriales lo han publicado, es posible acceder en línea en: http://www.angelfire.com/la2/pnascimento/ensayos.html).
En este sentido, el hombre fundamentalmente se experimenta entonces como un ser-para-sí y en sí.
b) Existencialismo Cristiano
Por otro lado, Gabriel Marcel aborda la situación de la existencia humana desde una nueva perspectiva, misma que nos permitimos desarrollar con un poco más de profundidad.
El mundo vital que nos presenta Marcel es un mundo desgajado, herido en lo más profundo, el hombre moderno es un hombre en crisis, que debe enfrentarse al mundo. Hasta este punto, nada nuevo nos diría, pero propone una nueva ruta antropológica, viendo al hombre no como problema, como se ha hecho hasta ahora, sino como misterio.
Los problemas son solubles, se resuelven a partir de la razón, no así el misterio que presenta al hombre en toda su complejidad dentro del propio ser del hombre, en su más profunda y radical intimidad.
La distinción de ambos conceptos es decisiva en Marcel: el problema es algo que se encuentra, algo con lo que uno se topa, que cierra el camino. Puedo analizarlo, ordenarlo, estudiarlo y resolverlo. Por el contrario, el misterio es algo en lo que me encuentro envuelto o comprometido. Para Marcel, a diferencia de Sartre, el hombre es un ser que va, continuamente, del en-mi, para encontrarse con el ante-mi.
iii) Personalismo
Trataremos a fondo sobre este humanismo en el siguiente capítulo. Baste decir por ahora que la doctrina humanista del personalismo es plenamente coincidente con una concepción política enraizada en el bien común, en la solidaridad y en la subsidiariedad, y en la centralidad de la persona plenamente digna.
3. Humanismos Personalistas
a) Importancia del personalismo comunitario, fundamento de un auténtico humanismo y de la democracia participativa.
Es necesario ubicar el universo de reflexión dentro del cual será posible revisar algunas aproximaciones antropológicas en referencia directa al humanismo político que nosotros consideramos más adecuado y cercano a la realidad inmediata del hombre.
Siendo que el personalismo puede, en determinado momento, aparecer como un término confuso, es necesario precisarlo mediante el siguiente planteamiento:
…en sentido amplio es toda filosofía que reivindica la dignidad de la persona en el campo ontológico, gnoseológico, moral o social, contra las negaciones materialistas o inmanentistas. En sentido más riguroso, puede llamarse personalismo o filosofía personalista la doctrina que centra en el concepto de persona el significado de la realidad… (Definición de Urdanoz, citada en: DÍAZ, Carlos., ¿Qué es el personalismo comunitario?., Fundación Emmanuel Mounier., IMDOSOC., 2002., p. 44.)
Así pues, bajo el termino personalista entendemos una basta realidad de sistemas y significados filosóficos que se apuntan a defender y promover la dignidad de la persona frente a las realidades sociales, políticas, económicas, etc.
Según Carlos Díaz, existen 6 ramas en el árbol del personalismo comunitario” que engloba a más de 30 pensadores con aproximaciones valiosas, pero diferentes, a la realidad del ser humano (Cf., DÍAZ, Carlos., Op.Cit., p. 41).
Para efectos de este escrito, y sin querer demeritar a grandes pensadores, ofrecemos tres posturas que aportan elementos inmediatos para el análisis y la interpretación del hombre. Incluso, consideramos necesario que el lector se adentre en el universo del humanismo personalista, a fin de encontrar recursos válidos que sirvan al interés de una praxis política.
Mediante dicha exposición invitamos a que el lector encuentre elementos de importancia considerable que justifiquen la democracia participativa.
b) El Humanismo integral de Jaques Maritain
Sin lugar a dudas Jaques Maritain posee un mérito esencial en la vuelta de la mirada humana hacia el propio hombre. Mediante su itinerario intelectual, e incluso considerable influencia política, nos ofrece el planteamiento concreto de retomar la tradición clásica y cristiana, a la luz de un aprovechamiento de las dimensiones del hombre para hacer frente al marxismo y a las utopías coercitivas que inhiben la participación humana.
Dejemos que él mismo nos señale la esencia del humanismo:
…El humanismo tiende esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano y a manifestar su grandeza original haciéndolo participar en todo cuanto puede enriquecerle en la naturaleza y en la historia; requiere a un tiempo que el hombre desarrolle las virtualidades en él contenidas, sus fuerzas creadoras y la vida de la razón, y trabaje para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumentos de su libertad...(MARITAIN, Jaques., Humanismo Integral., Ed. Palabra., Madrid, España., 1999., pág. 26 y 27).
Es necesario destacar la constante en el pensamiento de Maritain de un replanteamiento de la estructura social centrándola en la persona humana, y dando vida en ella a realidades que sistemas totalitarios ignoran o denigran:
…La filosofía social y política implicada en el humanismo integral requiere, para nuestro actual régimen de cultura, cambios radicales, digamos una transformación substancial; y en esta transformación substancial no sólo exige la instauración de nuevas estructuras sociales y de un nuevo régimen de vida en substitución del capitalismo, sino también consubstancialmente una ascensión de las fuerzas de la fe, de inteligencia y de amor que brotan de las fuentes interiores del alma, un progreso en el descubrimiento del mundo de las realidades espirituales. Sólo con esta condición podrá el hombre verdaderamente avanzar por las profundidades de su naturaleza, sin mutilarla ni desfigurarla… (MARITAIN, Jaques., Op. Cit., pág. 123).
La civilización acorde a un humanismo integral presenta dos características a manera de cimientos (Nos encontramos en deuda con Maritain en este punto, sin embargo consideramos necesario ampliar un poco el planteamiento que de estas dos características realiza. Cf. , MARITAIN, Jaques., Op. Cit., pág. 173 y 174):
• Por un lado debe ser comunitaria, lo que significa que el sentido del fin propio de la organización política en un Estado se circunscribe al bien común, entendido no como la suma de bienes individuales y superiores a los intereses del individuo en cuanto éste es parte del todo social, sino que, precisamente, el todo social se configura por personas que no pueden ser desligadas de los lazos de afecto y pertenencia (no sólo intercambio material o económico) que les llevan a vincularse entre sí. La comunidad, y el bien de ella, asegura el bienestar de las personas que la integran.
• Por otro lado debe ser personalista, ya que es esencial al bien común que se ha descrito, respetar y servir a la persona como un fin en sí misma y nunca como un medio. Así pues, el bien común no puede alcanzarse desligándose de la relevancia de la dignidad humana sino asimilándola. La persona, es el fin último de toda organización social. El Estado, mediante el bien común, es un fin circunscrito a la realidad de las personas concretas que lo conforman. Por ello, toda inhibición de la libertad del hombre (piénsese en los totalitarismos o utopías coercitivas del siglo XX, o en el consumismo e instrumentalización humana fomentada por el capitalismo exacerbado) no son más que una negación rotunda al sentido fundamental y fundante del Estado, procurar el bien común de aquellos que, mediante comunidades, le integran.
c) El Humanismo Cívico de Alejandro LLano
Para Alejandro Llano, partidario y defensor constante de un nuevo modo de pensar y de la nueva sensibilidad, las estructuras sociales han fallado en no considerar a las personas como actores fundamentales del entramado social; las personas, no son únicamente, los destinatarios de los procesos del Estado, sino que son la parte fundamental del mismo.
Por ello, la primera característica que reviste un humanismo cívico es ser liberal. Es necesario particularizar, en su terminología, este matiz. Para Llano, el verdadero liberal, es aquél que considera que las cosas pueden cambiar para bien y que es factible erradicar males que suponen el constante ataque a la dignidad personal:
…El diablo es conservador porque no cree en el futuro ni en la esperanza, porque no consigue siquiera imaginar que el viejo Adán pueda transformarse, que la humanidad pueda regenerarse. Este obtuso y cínico conservadurismo es la causa de tantos males, porque induce a aceptarlos como si fueran inevitables y, en consecuencia a permitirlos… (Frase de Claudio Magris, retomada por LLANO CIFUENTES, Alejandro., El Diablo es Conservador., EUNSA., Navarra, España., 2001., p.19).
Para Llano el Humanismo Cívico se caracteriza por una vuelta a los clásicos, predominantemente Aristóteles, y en sus palabras consiste en:
…la actitud que fomenta la responsabilidad y la participación de las personas y comunidades ciudadanas en la orientación y desarrollo de la vida política. Temple que equivale a potenciar las virtudes sociales como referente radical de todo incremento cualitativo de la dinámica pública. Al hacer esta propuesta me inspiro precisamente en la idea de una posible y necesaria actualización del modo culto y sabio de habitar en la polis o en la civitas que nos transmiten los autores clásicos…(LLANO CIFUENTES, Alejandro., Op.Cit., p. 79).
…El Humanismo cívico no es, ciertamente, una fórmula política: no es un programa que pueda aplicarse para abrir tantos callejones sin aparente salida en los que nos encontramos. Es…un nuevo modo de pensar inspirado por la actitud mental que el humanismo clásico lleva consigo; un nuevo modo de pensar que cuadra con las exigencias de la sociedad del conocimiento y con las percepciones de la sensibilidad postmoderna mucho mejor que el rancio y agotado esquema del Estado Nacional…(Ibidem).
d) El Humanismo personalista en acción: la participación en Wojtyla
El planteamiento filosófico de Wojtyla, a nuestro modo de ver, supone una radical novedad en cuanto lo que se ha dicho de y sobre la persona.
Partiendo de la experiencia del hombre, es posible reconocer que el ser humano es un objeto en el mundo, en cuanto que existe como realidad fáctica, sin embargo, siendo objeto es también sujeto. La subjetividad del hombre se nos revela como el complemento a la más pura metafísica que analiza la esencia humana y describe a la persona ontológicamente. Subjetividad no significa aquí subjetivismo. Por el primer concepto entendemos la experiencia que el hombre tiene de sí mismo, y que mediante la conciencia y el auto conocimiento es capaz de reconocerse así mismo como el autor de sus actos; por subjetivismo, denotamos la actividad mental de considerar que todo es relativo y no existe una verdad fundamental.
Para Karol Wojtyla la persona en acción se conoce y se comprende, se experimenta tanto cognositivamente como moralmente. Mediante una acción, en este último sentido, y su carga moral de buena o mala el hombre se reconoce efectivamente como bueno o malo. Dice este autor, y dice bien a nuestro entender, que el hombre es co-creador de sí mismo ya que por medio de la libertad es capaz de definir su propio rumbo.
En este, breve y mal acotado, esquema la persona entra en juego con los otros, se relaciona y convive con otros que a su entender se le aparecen como “otro-yo”. Por ello, la acción de la persona, en cooperación con otros, se entiende como participación. Especifiquemos aún más dichas ideas en palabras propias del filósofo polaco:
…indica el atributo de un ser humano-persona a causa del cual, existiendo y obrando juntamente con otros, el ser humano no cesa de ser el mismo y de realizarse a sí mismo en sus actos…el atributo real de la persona que condiciona y salvaguarda, por así decirlo, el valor personal de su existencia y de su actividad entre muchos sujetos que existen y actúan. Al mismo tiempo, la participación indica una estructura, un orden íntimo de aquella multiplicidad y un orden en ella gracias al cual toda persona que existe y actúa en su interior puede ser ella misma en tal experiencia y actividad… (WOJTYLA, Karol., El Hombre y su destino., Ed. Palabra., España., p.127-128).
Podría quedar aún más claro este acercamiento si agregamos una distinción entre comunidad y sociedad:
…La comunidad no es la sociedad y la sociedad no es la comunidad. Aunque para los fines de una y de la otra son determinantes en gran parte los mismos elementos, sin embargo, las concebimos bajo aspectos diversos y esto constituye una diferencia importante. Se puede decir aún más: en un cierto sentido la sociedad (el grupo social, la colectividad, etc.) se realiza a través de la comunidad de sus miembros…( Ibidem., p. 75).
De este modo participación y comunidad nos hablan de la acción del hombre en concreto, y en base a ello, del conocimiento concreto de ese hombre que actúa. Bajo este esquema, aparece una nueva novedad, Wojtyla introduce el concepto de Alienación, típicamente marxista, a su concepción de participación. De esta manera la participación es una efectiva transformación de la existencia social, sin hablar de luchas de clases. Las diferencias frente al esquema marxista nos aparecen en dos citas, y un esquema que se agrega al final de las mismas:
…La alienación no es, en efecto, sino lo contrario de la participación, la debilitación o incluso la anulación de la posibilidad de experimentar otro ser humano como otro yo…caracteriza una situación o condición de un ser humano que no le permite experimentar otro ser humano como otro yo…(Ibidem., p. 125).
…Es necesaria, ciertamente, la transformación de las estructuras de la existencia social, de los seres humanos en las condiciones de la civilización contemporánea. Pero no es menos necesaria la participación de todo ser humano en la humanidad del otro ser humano, de los otros hombres, esta permanecerá siempre fundamental, y dentro de un ámbito universal…(Ibidem., p. 131).
En correspondencia con la alineación, que anula la participación, es necesario destacar que existen sistemas que limitan o frustran el desarrollo del hombre a través del actuar junto con otros:
a) Individualismo: el bien supremo y fundamental es el individuo, el cual se subordina a todos los intereses de la comunidad o sociedad. Está concentrado sobre sí mismo y su propio bien, mismo que está en denotada oposición o contradicción con los demás individuos. En este sistema, si se forma una comunidad es para proteger el bien individual del peligro de los otros.
b) Totalitarismo: subordina incondicionalmente el individuo a la sociedad. Tiene como rasgo dominante la necesidad de protegerse del individuo (considerado en su organización el principal enemigo del bien común y de la sociedad). En consecuencia, la realización del bien común presupone, frecuentemente el recurso a la coerción.
Hemos analizado ya la importancia de la comunidad frente a la participación, y bajo esta perspectiva es necesario denotar la acción, a manera de sistema de referencia, que las personas pueden desarrollar para hacer frente a la alienación:
a) La pertenencia comunitaria, en la cual se brinda identidad a la persona. Es un agruparse en torno de ideales, valores, creencias, sentido religioso, sentido del mundo, cultura, etc., y un actuar en consonancia con aquello que brinda cohesión.
b) El prójimo, (concepto no sólo de índole cristiana) que significa que se reconoce y valora aquello que dentro del hombre es independiente de su condición o pertenencia comunitaria. Es el criterio último para el desarrollo de la coexistencia y la cooperación de las personas en las diferentes comunidades. Este sistema, radicalmente humano, al instaurarse nos permite hablar de integralidad de la persona y de verdadera democracia al servicio de los intereses humanos.
Para concluir, con este autor, es necesario destacar las actitudes que pueden asumirse frente a la participación, y que se clasifican en auténticas y no auténticas.
a) Actitudes auténticas
o Solidaridad: Es una consecuencia natural del existir junto con otros. Por ella se entiende en resumidas cuentas …significa una disposición constante a aceptar y a realizar la parte que a uno le corresponde en comunidad –como consecuencia de la condición de miembro de esa comunidad particular. Al aceptar la actitud de solidaridad, el hombre hace lo que se espera que haga no solamente como consecuencia de su condición de miembro del grupo, sino también por lo que tiene ante su vista…( WOJTYLA, Karol., Persona y Acción., BAC., España., 1982., p. 332 y 333), es decir, el bien común.
o Oposición: No es una actitud que de suyo contradiga la solidaridad, no consiste en rechazar el bien común o la necesaria participación personal y comunitaria sino en disentir sobre las formas en que se entiende y promueve el bien común y la participación. Por ello mismo, es una confirmación de la solidaridad, ya que el que se opone lo hace en razón de que, en primer lugar, cumple con su papel (su papel es oponerse) dentro de la comunidad, y en segundo momento, contribuye a la búsqueda del bien común por un medio más acertado según su consideración (Cf., Ibidem., p. 334).
o El sentido del diálogo: Se refiere a la comunicación que puede entablarse a favor de la solidaridad interhumana por medio de la actitud de oposición (Cf., Ibidem., p. 335)…El principio del diálogo parece ser el más adecuado para seleccionar y hacer resaltar lo que en la situaciones controvertidas hay de verdadero y bueno y eliminar todas las actitudes y opiniones parciales, preconcebidas o subjetivas…(Idem).
Si realizamos una breve parada en el camino y revisamos lo conceptos arriba desarrollados, podemos encontrar en esto un cimiento considerable para la actividad política actual. b) Actitudes no auténticas
o Conformismo: En una primera aproximación, el coformismo es comprendido como la inclinación humana a consentir las costumbres adoptadas por los demás y a parecerse, e mayor o menor medida, a los demás que rodean a la persona. De suyo …manifiesta una falta de solidaridad y, al mismo tiempo, una actitud de huida de la oposición; aunque sigue denotando la asimilación del hombre a los demás miembros de una comunidad, sólo lo hace así en sentido externo y superficial, en un sentido desprovisto de fundamentos personales en la convicción y elección…( Ibidem., p. 337). Es posible identificar esta actitud con una pasividad servil.
o Evasión: Significa una falta de consideración de las apariencias de interés por el bien de la comunidad. Posee amplia similitud con el conformismo, sin embargo es necesario apuntar que es una retirada, es una falta de participación por la cual se está ausente de la comunidad. El que está ausente se equivoca siempre (Cf.,Ibidem., p. 339). LOS VALORES
Héctor Sampieri Rubach
1. Sobre su esencia
Al hombre, varón y mujer, es posible intentar definirlo como un ser-en-el-mundo. Dicho juicio de corte filosófico existencial, nos permite ahondar en la característica relacional que la persona humana posee, es decir, que todo hombre se encuentra sujeto a la relación, al encuentro como dice López-Quintás, consigo mismo, con el mundo de las cosas, y con el otro (y desde luego con el OTRO por excelencia que es Dios).
Al estar en el mundo, el hombre busca comprender la realidad en la que se mueve, conocer sus límites y posibilidades, intenta por medio de su inteligencia conocer quién es él y hacia dónde va (preguntas que dan origen a la reflexión filosófica, por ejemplo, pero que también le abren las posibilidades del desarrollo de las ciencias).
...La verdad es que el hombre no se enfrenta sólo contemplativamente con la realidad. No sólo la ve, sino que la valora o estima...(BOCHENSKI, J.M., Introducción al pensamiento filosófico., P.69).
Siendo que el hombre estima la realidad en la que se mueve, es posible decir que el tema de los valores no es nuevo, aunque desde la axiología moderna se den enfoques novedosos, ya que existe desde que hay reflexión humana.
Los valores como tales se nos presentan como reales, como parte de una realidad. Sin embargo debemos reconocer que: ...Tan sencillos y evidentes como se presentan los valores a nuestro ojo espiritual, la situación se complica terriblemente apenas intentamos entenderlos rectamente...(BOCHENSKI, J.M., Introducción al pensamiento filosófico., P.70).
Para poder llegar a un conocimiento de tipo valoral, es necesario distinguir efectivamente tres cosas al hablar de los valores :
a) Una cosa, algo real, que es valiosa positiva o negativamente (que porta el valor en sí). b) Dicha cosa se caracteriza por una cualidad que le hace efectivamente valiosa, el valor como tal. c) Es necesario visualizar la actitud humana ante el valor.
(Cf., BOCHENSKI, J.M., Introducción al pensamiento filosófico., P.73)
Además,el valorar, estimar una realidad, es posible ya que la realidad misma que se nos revela se presenta como portadora de un cierto bien (propiedad trascendental del ser), situación que revela la objetividad del valor; pero es necesario tomar en cuenta también, que conteniendo un bien la realidad descrita se hace apetecible a nosotros, y dependiendo su esencia sentiremos atracción o repulsión por la misma, situación que revela la subjetividad del valor.
Con esto último, quiere decirse que los valores objetivamente existen independientemente del sujeto que puede o no percibirlos, pero que para la realización concreta en una persona, dependen de la percepción de la misma, y de su posterior asimilación intelectual y volitiva.
Con lo anterior quiere manifestarse una propuesta por la cual se rechaza la relatividad en la cuestión de los valores. ¿Qué significa relatividad en los valores? Ello quiere decir la postura que considera mutables a los valores, ya que mucho puede decirse que los valores cambian de una sociedad a otra, y que lo válido para unos es prohibido por otros.
Un valor sin embargo es inmutable, no así la valoración humana que puede ser, y que de hecho lo es, influida por cambios culturales.
Sobre la cuestión relativa de los valores podemos encontrarnos dos posturas filosóficas al respecto. La primera, surge desde la perspectiva positivista, y basa los cambios en los valores de acuerdo a la utilidad en los mismos. Dicha postura es fácilmente criticable; no así la segunda, surgida desde la corriente del idealismo, que sustrae de la realidad a los valores dejándolos en cielo inalcanzable por su constitución por y en ideas. Criterio absoluto, que ilustra que los valores son evidencia pura que no puede ser demostrada, y que responden, por ejemplo en Kant, al deber por el deber mismo (Cf., BOCHENSKI, J.M., Introducción al pensamiento filosófico., P.75 y ss).
Según Bochenski, los valores poseen fundamento en el mundo, se encuentran basados en la RELACIÓN del hombre con las cosas, y las personas. Por ello es posible decir, como se ha mencionado arriba, que los valores son relativos en cuanto la valoración que de ellos hacen los hombres, pero como realidades, como núcleo fundamental, son invariables, no cambian (Cf., BOCHENSKI, J.M., Introducción al pensamiento filosófico., P.78 y 79).
2. Sobre su concreción
Es válida, como ha sido demostrado por Wojtyla en diferentes textos, la teoría scheleriana que afirma que el conocimiento de los valores comienza por cuanto la realidad es apetecible, en un movimiento de emociones que nos lleva al valor o la realidad valoral que presenciamos.
(Es posible revisar como tesis principal lo expuesto por el filósofo polaco en su tesis doctoral de filosofía, WOJTYLA, K., Max Scheler y la Ética Cristiana., BAC.)
Sin embargo, no es válido, como el mismo Wotyla señala, reducir el conocimiento y práctica de los valores a un puro emotivismo en la persona. Sino que se hace necesario someter, a un análisis racional y volitivo, la realidad valorada que el hombre ha estimado.
La percepción que se tiene del valor, debe ser reflexionada y concretada en una persona para que pueda decirse que esta persona posee determinado valor. A esto se pueden aplicar las palabras de Platón que decía que los valores no se enseñan sino que se aprenden. Es decir, se requiere la libertad humana para que un hombre sea virtuoso.
El mismo Wojtyla ha puesto de relieve en su obra Persona y Acto que el hombre es co-creador de sí mismo. Que mediante su libertad el hombre se construye a sí mismo. Bajo esta concepción podemos decir que cada uno de nosotros es responsable de los valores que desea asimilar y practicar.
El problema surge del ¿cómo hacerlo?.
Es necesario primero que nada realizar una propia jerarquía, misma que debe partir de reconocerse a sí mismo, del autoconocimiento y del autoestima, desde un punto de vista más psicológico.
Es necesario distinguir los tipos de valores que existen, mismos que responden a las cualidades del mundo material y de las personas.
Y reconocer que hay valores que por su mismas características tienen primacía sobre otros (por ejemplo, no se sobrepone el valor de un automóvil al cariño de una madre).
Partiendo del conocimiento propio y de establecer una jerarquía de valores, es posible caminar hacia una posibilidad de co-crearse a sí mismo de modo efectivo, y sobre todo, responsable.
3. La necesidad actual de los valores y de las virtudes
Hoy día vivimos en tiempos difíciles como para ponerse a hablar de moralidad y de ética. Nos encontramos situados en un dilema, en el cual la vida moderna parece arrojarnos a un mundo frío sin posibilidad de cambio.
Alejandro Llano, un reconocido filósofo español de nuestros días, ha declarado que es necesaria una ...Nueva Sensibilidad...para efectuar un cambio latente en nuestra sociedad. La nueva sensibilidad es un reconocimiento de la persona humana y de su importancia para el proceso de cambio y mejora social. En dicho proceso de desarrollo los valores, y especialmente hablando de los valores morales, se convierten en condición sine qua non para efectuar cualquier mejora.
Hoy en día la responsabilidad, la capacidad de entrega (servicio), la recta conducta, la fidelidad a los ideales, la empatía, la capacidad de organización, la nobleza, suponen pocos de los muchos elementos que pueden integrarse a la vida cotidiana para hacer de este efectivamente un mundo mejor.
Es en este terreno donde no sólo los valores, sino las virtudes cardiales y teologales pueden darnos el soporte para el desempeño de cualquier ideal que se desee hacer realidad:
La prudencia, madre de toda virtud facilita la recta razón; la justicia, se constituye como regla de vida y de convivencia con los hombres y para con el creador; la templanza, es el conocimiento propio aplicado a conducirse con moderación, y la fortaleza como capacidad de actuar correctamente frente a la adversidad.
El amor nos brinda la capacidad del servicio, la esperanza se constituye como el creer que las cosas pueden cambiar y mejorar, y la fe es sin duda el soporte de toda acción a realizar.
Sólo resta circunscribir lo anotado anteriormente a la idea de que los valores y virtudes hacen la vida del hombre efectivamente humana.
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